jueves, 7 de abril de 2016

YA HA DESPERTADO OTRA BEHOBIA


- ¡Hostias Miguel! Se me ha olvidado el chip en casa
- Venga ya! No me vaciles
- Que no tío, que va en serio
- No me jodas, ¿eh?
- Vete tú, que ya llegaré yo
- Te mato...

Uno de los momentos más solemnes y que más me gustan de la Behobia, es subirme al tren en la estación de Donostia para desplazarme a Irun. Me gusta mezclarme entre los cientos de corredores y corredoras que invaden sus vagones, ver sus camisetas, sus procedencias, escuchar sus conversaciones e incluso participar en ellas. Preocupaciones, nervios, risas, bromas, pensamientos entremezclados con el fresco olor mentolado de cremas y más cremas... mola.
  
Pero no sólo eso! Una vez allí no cojo ningún autobús lanzadera para poder ir andando los más de tres kilómetros que separan la estación de la zona de salida. Sí. Me gusta ver, mientras camino hacia Behobia, cómo la ciudad y con ella la carrera, van despertando poco a poco, y cómo se van dejando ver cada vez más voluntarios que comienzan a trabajar en la preparación del puesto de avituallamiento en el paseo de Colón. Se respira mucha calma... calma que horas más tarde destrozarán más de 30000 corredores y corredoras con la complicidad de un público totalmente entregado.

Por todo ello siempre he rechazado los ofrecimientos para llevarme en coche, y aunque eso a veces me haya dejado sólo, es mi ritual, mi momento. Me gusta y lo disfruto... no sé, debo de ser algo raro.

Sin embargo, el año pasado no pudo ser. Mi amigo Gorka, a quien había convencido con todos estos argumentos para unirse al ritual, se daba cuenta, con las puertas del tren abriéndose frente a nuestras narices y ante mi incredulidad, que se le había olvidado en chip en casa. Y así, tuve que ver como mi ilusión se escapaba por la vía 1 hacía Irun, mientras nosotros salíamos a la carrera para recuperar su chip.

- Pero como se te ha podido olvidar... tío, que te lo he puesto hasta en el wassap
- Joder, que se me ha ido la pinza por mandarte la foto de la niña con la camiseta
- Y ahora ¿cómo vamos a ir? No nos va a dar tiempo de pillar el siguiente tren
- Tú tranquilo

Minutos más tarde, el casco y el sonido del motor, silenciaban los constantes "te voy a matar, tio" que no dejaba dedicarle a mi amigo, mientras íbamos en su moto, chip incluido, hacia Behobia... pero, poco a poco, la situación fue cambiando.

Con el cielo despejado y una temperatura más que agradable, circulábamos por la antigua N-1 dirección Irun, o lo que viene a ser lo mismo, por el recorrido de la Behobia en sentido inverso. A medida que pasaban los kilómetros, el chip pasó a la historia para centrarnos en un espectáculo que nunca hubiésemos podido ver desde el tren: el peregrinaje de cientos y cientos de personas, por el arcén de la carretera donde lo había, posiblemente cumpliendo sus rituales o yendo a sus lugares favoritos para ver y animar al paso de la carrera... Era el público de la Behobia.
Algo digno de ver, tanta y tanta gente, de todas las edades, caminando y caminando.

- Pero ¿de donde sale tante gente?
- Ya te digo, vaya pasada.
- Impresionante
- Vaya putada no haber traído un móvil para grabarlo
- Si no llega a ser por mí te hubieses ido en tren y no hubieses visto esto, eh?
- Ya...

Y así, lo que empezó siendo una tragedia acabó convirtiéndose en una experiencia cojonuda, en la que pudimos ver otra parte de la carrera diferente y desconocida.
Ah! y por supuesto llegamos con tiempo de sobra para nuestra hora de salida.

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Ayer se abrieron las inscripciones para los llamados habituales de la Behobia. Seguro que ese ha sido el motivo por el que hoy, después de llegar de correr, me haya dado la chaladura y haya terminado sentado frente al ordenador escribiendo todo lo que me ha venido a la cabeza mientras corría. Recuerdos como éste, que se han avivado con la apertura de las inscripciones.

No hay duda. La Behobia ya ha despertado un año más, y aunque antes de que llegue habrá otras muchas carreras, yo, como la hormiga frente a la cigarra, ya he empezado a preparar poco a poco la hoguera... porque sé de sobra que aunque esta hoguera de ilusión no arda hasta noviembre, cuanto más grande sea más calor dará, y yo, ya he puesto mi primera madera.


                                                               @otrolocokcorre


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Unas horas después de publicar esta entrada...

- Mira lo que he escrito Gorka
- .... Ya la he leído. Está bien, pero... ¿no olvidas algo?
- ¡Ostras! Pues no caigo
- No has dicho nada del mogollón de voluntarios que había, de cómo estaban ya en los cruces o montando los avituallamientos, o los socorristas que estaban colocando unas carpas en Gaintxurizketa...
- Joder, es verdad.

Y hablando de voluntarios, comparto esta gran reflexión que hizo Rafa Elorza sobre los voluntarios de la Behobia, una reflexión que os invito a leer.

PINCHAR AQUÍ

lunes, 4 de abril de 2016

QUITADLE


¿Cómo puedo hacer una escultura? Simplemente quitando del bloque de mármol todo lo que no es necesario.
M. Buonarroti

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Quitadle disfrutar de una borrachera de ilusión, de las que hacen gritar a los cuatro vientos un "a tomar por saco" antes del último clic que finaliza un proceso de inscripción, a pesar de que con el paso de los días esa borrachera deje una resaca de dudas e incertidumbre...

Quitadle las nosecuantasmil veces que se miran y remiran unos papeles en los que, cual mapa del tesoro, están escritos los pasos que hay que ir dando a lo largo de un camino, día a día, semana a semana, hasta poder llegar a una ansiada línea de salida...

Quitadle a lo largo de ese camino sentirse un blanco perfecto en mitad de un fuego cruzado de emociones, siendo alcanzado diariamente por balas de decepciones, alegrías, dudas, satisfacciones, nervios, ansiedad, felicidad, frustración...

Quitadle esos momentos científicamente inexplicables en los que toda la vida en la Tierra, el sistema solar, la galaxia y el último recoveco del universo se reduce a un pequeño dolorcillo en uno de los gemelos...

Quitadle el descubrimiento de un arma secreta y poderosa llamada voluntad, que hace que se madrugue más un domingo para ir a correr que cualquier otro día para ir a trabajar, o que se salga a correr para mojarse cuando todos corren para no mojarse...

Quitadle esos momentos en los que comidas que nunca gustaron se convierten mágicamente en un exquisito manjar, sólo porque se sabe que quitará unos gramos de peso para la próxima tirada larga, o esos días en los que rechazas alegremente unos combinados jurando, eso si, que ya volverás a por ellos...

Quitadle esa sensación de sentirse a salvo sólo por haber podido llegar a la salida de una carrera, y disfrutar del ambiente que se respira ignorando por completo los 10, 21, 42 o los kilómetros que sean y que quedan por delante...

Quitadle la mejor melodía jamás compuesta y que sólo se puede escuchar en una carrera, armonizando el sonido de cientos de pisadas, las respiraciones agitadas, y los gritos, ánimos y aplausos de miles de personas...

Quitadle el sentimiento de orgullo de poder ver animando en los últimos metros a todos aquellos que, fieles a ti desde meses atrás, te han empujado con un "ánimo que tú puedes" en esos momentos de debilidad en los que hubieses querido mandar todo a la mierda...

Quitadle la satistacción de haberlo conseguido, quitadle el haberos sentidos vivos durante los tres últimos meses, quitadle todo eso, quitadle mucho más... y solamente os quedará un trozo de metal y una cinta. Nada más.


Imagen conseguida de @IsidroRunninges. Medallas del maratón de Barcelona a la venta.


Imagen conseguida de @Hpps88. Medalla de la media Maratón de Madrid vendida.

... y sin embargo, hay personas que son capaces de quitar auténticas maravillas para dar valor a lo único que está de sobra.