domingo, 18 de junio de 2017

TOLOSALDEKO HIRU TONTORRAK. Diez minutos...



Primeros pasos tras la línea de llegada. Aun se oye algún aplauso, paro, me noto algo desorientado hasta que un voluntario me aborda y al mismo tiempo me felicita, me entrega una bebida isotónica, y me acompaña hasta una silla mientras dice que descanse un rato, que ya está, que ya se ha acabado. Una sobredosis de amabilidad de la que no me extraño en absoluto, porque es más de lo mismo de lo que a lo largo de casi siete horas de carrera he podido ver en cada avituallamiento, en cada cruce o en cada pueblo.

Ese improvisado trono en forma de silla, se situa en la plaza del Triángulo de Tolosa (Gipuzkoa), mismo lugar desde donde a las nueve de la mañana iniciábamos una aventura de la que a pesar de sus 43 kilómetros y sus 2800 metros de desnivel positivo, lo que más miedo daba eran las cifras que se preveían en los termómetros... y no fue para menos. Día duro de sol y calor que sobrepasó los 30 grados en muchos momentos de la prueba.



Y allí, desde ese improvisado trono de diez minutos, tras saludar a familiares y amigos, comienzo a mirar lo que veo, a asimilar lo que siento, y a recordar en forma de flashes todos los momentos y pensamientos que por una razón u otra quisieron acompañarme hasta el final de la carrera, y deduzco que también a quedarse conmigo para mucho tiempo.

Diez minutos sentado en esa silla para poder observar la cara de agotamiento de los corredores que iban llegando, y pensar que sólo una buena organización con avituallamientos a cada cinco/cuatro kilómetros, era capaz de haber conseguido que muchos de nosotros estuviésemos cruzando esa línea de llegada en un día tan puñetero.
¡Joder! Que en algunos avituallamientos se podía beber hasta Coca Cola fría...

Diez minutos sentado en esa silla para poder recordar la ascensión a Ernio, y las continuas miradas hacia la izquierda para tatuar en la retina las espectaculares siluetas lejanas de Aizkorri, Gorbea, Anboto, Aratz, Urkiola, Txindoki, Aralar...
Unas vistas de escándalo, pero de bonitas.

Diez minutos sentado en esa silla para pensar que si el mundo ya tenía que estar agradecido a los tolosarras por sus alubias, sus cigarrillos y sus Carnavales, ahora además habría que hacerles la ola por haber dado vida a esa pedazo maratón. Joder con los de Tolosaldea... ;-)

Diez minutos sentado en esa silla para recordar los recibimientos y aplausos en cada pueblo, y la emboscada que nos habían preparado los de Irura, con un gran ambiente en la plaza que invitaba a quedarse allí a disfrutar de él, más aun a sabiendas de la que nos tenía preparado Uzturre (con lo cerquita que se ve desde la carretera...)

Diez minutos sentado en esa silla para recordar el paso por el caserío Ugarte de Elduain, en donde alguien decidió sacrificar su siesta para coger una manguera y dar unos minutos de vida, en forma de agua fría, a los corredores que pasábamos por allí con la batería parpadeando. Eskerrik asko txapeldun!

Diez minutos sentado en esa silla para perdonar la vida a los desconsiderados que estaban a pocos metros bebiéndose una cerveza fría en la terraza de un bar próximo... Si supiesen que desde el kilómetro 34, al más puro estilo Homer Simpson, ya no veía incandescentes arbolitos sino jarras de cerveza fría, seguro que se lo hubiesen pensado dos veces.
Pues sabed que os salvaron mis cuádriceps, que esfuerzos ya los justos...

Y diez minutos para rebobinar otros once, y verme allí, corriendo en los últimos metros, por las calles de Tolosa, sintiendo cada grito, cada aplauso, escuchando mi nombre por megafonía, viendo el maldito y a la vez bendito arco de llegada, pisando la que se me hizo kilométrica alfombra azul, y aplaudir, aplaudir, aplaudir, aplaudir y sentirme jodidamente agradecido...

Agradecido por poder estar ahí.
Por poder haber vivido esa aventura.
Por poder haber disfrutado de lo que más me gusta en un entorno y recorrido espectacular.
Por todos ánimos que no faltaron en los momentos más difíciles.
Por todos los que sacrificaron un buen día de playa para plantarse horas y horas en un cruce señalizando lo que ya estaba perfectamente balizado.
Por todos los puestos de avituallamiento a lo largo de la carrera, y en los que además de hidratos y proteínas, también se reponían los ánimos.
Y agradecido por haber sido víctima de un pico de euforia semanas atrás, que me hizo inscribirme a una carrera, sin saber muy bien por qué, y que gracias a ello pude sentirme el puto amo del universo... aunque sólo fuesen diez minutos.

                                                                  @otrolocokcorre

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Fotografía de Tolosaldeko Ataria

Fotografía de Tolosaldeko Ataria

domingo, 26 de marzo de 2017

FOTOGRAFÍAS TALAIA BIDEA 2017. TRAIL DONOSTIA - HONDARRIBIA.



Como no hubo suerte con el sorteo para poder correr la Talaia, ha tocado disfrutar de ella desde el otro lado, en los espectaculares primeros metros del monte Ulia.