martes, 8 de enero de 2019

UNA CARRERA MÁS...


Domingo. 5:00 horas de la madrugada.

Se levanta una hora antes de que suene el despertador... no vaya a ser que le hayan aparcado un coche en doble fila, o que tenga una rueda pinchada, o que se pierda por el camino, o que sea abducido por una nave de extraterrestres... que a esas horas seguro que habrá poca gente por la calle para poder abducir. Además, qué importa si no ha pegado un ojo en toda la noche.

Un "por si acaso que luego seguro que lo necesito corriendo" para justificar el sacrilegio de un tazón de desayuno acompañado de más galletas con mantequilla que los cereales, nueces y miel estipulados en su receta mágica y que, por cierto, nunca respeta. De mientras, último repaso a la mochila después de otros veintitantos. Parece que todo está bien... aunque unas horas más tarde tras salir de la ducha y buscar los calzoncillos se dará cuenta de que todo no.

Ese alivio de ver que el coche está en su sitio y ver que arranca. Primera, segunda, ¡VAMOS!, tercera... sexta. Atrás va quedando la ciudad mientras suena Rock FM para amenizar los alrededor de 100 kilómetros que lo separan de la línea de sali... - "Pero ¿qué hostias hago aquí?"
Salir de la carretera, cambiar de sentido y retroceder los 5 kilómetros que se había pasado de la entrada a la autopista. Un despiste muy propio de alguien que lleva los pies sobre el embrague y acelerador, y la cabeza corriendo por a saber dónde.
- "Ya sabía yo que tenía que levantarme antes por si acaso".

- "Mierda, empieza a llover. Está diluviando. Ahora niebla. Espero que esté bien señalizado. Tiene que haber barro. Deja de llover. Ya habrá alguien para poder seguirle. Igual no hay tanto barro. Mierda, otra vez llueve. Igual me quedo solo y me pierdo. Es que no estoy tan en forma. Va a ser un barrizal. Parece que llueve menos. Bueno, pues salgo de tranqui y si al final tengo fuerzas aprieto..." y así consigo mismo durante casi una hora de viaje.

Salir de la ruta y circular por las vacías calles de un pueblo a 20 kilómetros por hora tratando de encontrar un lugar para hacer esa última necesidad fisiológica tan inoportuna. De mientras el GPS, loco perdido, entremezcla la voz de los cálculos de nuevas rutas con los agudos del "Back in Black" de Brian Johnson. - "No, si al final llegaré tarde..."
Diez minutos más tarde su preocupación se va por el desagüe del inodoro turco del único bar abierto a esas horas.

Sumas, restas y márgenes de por si acasos para calcular la hora de ir a la línea de salida, o el tiempo que hay para estirar, para recoger el dorsal y para calentar desde el momento en el que encuentra un aparcamiento a pocos metros de la salida de la carrera. Resultados absurdos que luego serán olvidados charlando con algún conocido, quedándose pasmado mientras mira a la gente, sus camisetas, sus "hala, el nuevo modelo de...", sus gps, las risas, atándose y desatándose las zapatillas, empapándose del ambiente, así hasta que un altavoz le devuelve a la realidad avisando de que en cinco minutos se dará el inicio de carrera. Todos sus cálculos iniciales concentrados en dos sprints por la línea de salida, tres estiramientos cutres y eso sí, cientos de pequeños saltitos sacudiéndose la bomba atómica de nervios que estalla escuchando el "hiru, bi, bat..."



- Pues mañana tengo una carrera en Bizkaia, que me apunté el otro día de calentón.
- ¿Qué carrera?
- Un trail de 20 kilómetros en un pueblo que no se ni donde está.
Pero si ya has corrido un montón de esos. ¿Y hasta Bizkaia? Te vas a arrepentir antes de llegar.
- Ya, ya, ya...


                                                                @otrolocokcorre


Dima trail. Fotografía de Eneko Sánchez



jueves, 25 de octubre de 2018

FITO, LOS FITIPALDIS Y EL FLIPAO (que soy yo)


Un día suena una canción de Fito y los Fitipaldis y de repente "click", algo se enciende dentro de ti. Son sólo unos cuatro minutos de música pero te sientes especialmente motivado. Es la misma canción que meses y años atrás no te decía absolutamente nada pero que ahora sin saber por qué, como por arte de magia, parece que tu vida girase sobre ella... y la escuchas una y otra vez.
Es curioso, porque ya no te apetece tanto oír las otras canciones que durante mucho tiempo antes te han bombardeado los tímpanos. Te siguen gustando, sí, pero es que ahora sólo quieres que suene esa canción de Fito y los Fitipaldis...
Pulsas el play y suena.

Siempre he pensado que la música tiene un efecto especial que va ligado a cada estado de ánimo y que cuando ambos se combinan a la perfección surge una atracción difícil de controlar... hasta que un día, sin saber el motivo, suena el último bis de esa canción y ya deja de ser tan especial. Luego llegará otra nueva o volverán a sonar otra vez aquellas que te bombardeaban tiempo atrás. Quien sabe.

¡Hay tantas canciones!
These songs of freedom, Barbie superstar, Bohemian Rhapsody, Run to the hills, Lau teilatu, Master of puppets, Tunnel of love, The one i love, El loco de la calle, Runaway,  Where the streets have no name, Smells like teen spirit, Zombie, You shook me all night long... 


                              ... correr dando vueltas de 400 metros creyendo morir a cada zancada, correr por encima de las nubes, correr bajo la lluvia, correr para que tu conciencia te deje en paz, correr porque quieres bajar de tanto en la carrera de dentro de no sé cuantas semanas, correr para perseguir sueños o para escapar de pesadillas, correr para tratar de reventar tus mejores marcas, correr hasta darte la vuelta y ver tu ciudad allí a lo lejos, correr para acompañar a alguien en sus primeros días....
¡Hay tantas formas de correr!

Siempre he pensado que correr tiene un efecto especial que va ligado a cada estado de ánimo y que cuando ambos se combinan a la perfección surge una atracción difícil de controlar... hasta que un día, sin saber el motivo, se da la última zancada de esa forma de correr y ya deja de ser tan especial. Luego llegará otra nueva, o se volverá a correr otra vez de aquellas formas que te bombardeaban tiempo atrás. Quien sabe.

Un día te atas las zapatillas de madrugada para salir a correr sin crono y de repente "click" algo se enciende dentro de ti. Son sólo unos 45 minutos de trote pero te sientes especialmente motivado. Es la misma forma de correr que meses y años atrás no te decía absolutamente nada pero que ahora sin saber por qué, como por arte de magia parece que tu vida girase sobre ella... y sales a correr así una y otra vez.

Es curioso, porque ya no te apetece tanto las otras formas de correr que durante mucho tiempo antes te han bombardeado las piernas. Te siguen gustando, sí, pero es que ahora sólo quieres correr sin crono...
Te atas las zapatillas y corres.



 "... me lleva a la luna y me ofrece la droga que todo lo cura.
Dependencia bendita, invisible cadena que me ata a la vida..."
               
                    

                                                                                    @otrolocokcorre