miércoles, 1 de febrero de 2017

CUANDO LAS PIERNAS FALLAN...


Tres, dos, uno...
Los pies se levantan del suelo y las pulsaciones se disparan. Toca poner en práctica todas las cábalas de días atrás y que escasos segundos antes, en la línea de salida, se resumían en un "si el año pasado hice tanto, este año tendría que bajar entre tanto y tanto...". Para ello, y a sabiendas de que dentro de algunos metros el camino se estrechará para acceder al monte, sabe que es importante salir entre los 20 o 30 primeros, y los 20 o 30 primeros corren... y mucho.

Por el rabillo del ojo ve como algunos corredores empiezan a apelotonarse para poder acceder al mismo camino por el que segundos antes había pasado él corriendo. La primera estrategia ha salido a la perfección y ahora sólo hace falta que las piernas hagan lo suyo cuesta arriba y cuesta abajo. De momento van mucho más rápido de lo que debieran, pero es que una vez que se les da rienda suelta es tan difícil volver a controlarlas...

Tres kilómetros después, empieza a darse cuenta de que el precio a pagar por su osadía le pasa factura demasiado pronto. Todas las cábalas y reglas de tres se van a tomar por saco. No se explica el por qué, pero las piernas empiezan a fallar demasiado pronto.

Cuando las piernas fallan,
tira de cabeza... 

Baja un poco el ritmo, aprovecha las bajadas para recuperar y sacrifica unos segundos dejando de correr en algunas subidas pronunciadas para que las pulsaciones no se disparen más.
Empieza a ver cómo le adelantan corredores.
"No importa" piensa. Hay que darle la vuelta. Pero la vuelta no llega.
"Me cago en... pero ¿qué hostias pasa?"
Las pulsaciones siguen por las nubes y el recorrido es un continuo sube y baja, pero eso ya da igual porque lo que cuesta es dar la siguiente zancada, sea hacia arriba o hacia abajo.
"Joder, si voy así en kilómetro 5, ¿cómo estaré en el 14?"
La cabeza también empieza a fallar.

Cuando las piernas fallan,
tira de cabeza.
Cuando falle la cabeza,
apreta las tripas y los dientes...

Aceptar un órdago a la grande con cuatro ases, te puede dar un pequeño tiempo de gloria hasta que el otro levante las cartas, y así, aprentando las tripas y los dientes en una mezcla de rabia, de orgullo y de voluntad, consigue mantenerse algún kilómetro más... hasta que la cruda realidad saca sus cartas. Acaba de perder la partida, como también pierde la vista de los corredores que hace nada le acababan de adelantar. Y así uno tras otro. Y más. Se fija en una camiseta naranja que ve a lo lejos... "joder, si hace nada estaba aquí al lado".
Demasiado exprimidor para tan poco limón.

Cuando las piernas fallan,
tira de cabeza.
Cuando falle la cabeza,
apreta las tripas y los dientes,
y si fallan las tripas y los dientes,
deja de apretar e intenta disfrutar.

Todas las expectativas para la carrera han muerto ahogadas en un mar de ácido láctico y a partir de ese instante el único objetivo será llegar corriendo a meta, aunque para eso haya que ir incluso a ritmos más bajos que los de cualquier día de entrenamiento. Se va dando cuenta de la emboscada que le ha tendido la ansiedad de buscar una buena marca y se lamenta de haber ignorado los días previos de Pharmagrip y Espidifen. Sea por lo que sea, ya da igual.

Comienza a ser consciente de los ánimos de la gente con la que se cruza, su cabeza empieza a pensar en lo que está pasando y no en lo que puede pasar, y bromea con los voluntarios... donde está el ascensor, dime donde hay un atajo o ponme una cerveza que no se lo digo a nadie.

Corre cómodo. Se da cuenta de que hace tiempo que no le adelantan y ve que los kilómetros cada vez acaban antes. Sólo quedan 4 para terminar y sube el ritmo. Las piernas responden... "joder". Sube más el ritmo, hay ganas de más... "joder, joder". Empieza a recortar distancias, empieza a adelantar a corredores... "joder, joder, joder". Ahora su cabeza le dice que es una pena que la meta esté tan cerca "infinitos joder".... y la cruza. Se acabó.




Minutos después camina de vuelta a casa, y mientras mastica una barrita de cereales, hace lo propio con sus pensamientos...

"Ay Miguel, pero que gilipollas eres. Tantos años corriendo y tantas carreras en las piernas, para no haber aprendido todavía que en cualquier día, con marcas o sin marcas, lo único que no te falló nunca fueron las ganas de disfrutar... y hoy, te las habías dejado en el fondo del armario"

                                                           @otrolocokcorre

viernes, 16 de septiembre de 2016

16 DE SEPTIEMBRE

Fotografía de @MariaSsmara1

Finales de los años noventa.

Estira junto a una barandilla esperando que el reloj de la estación marque la hora, y en tan sólo unos segundos, pasa de un "todavía no" a un "mierda que no llego".
Comienza a trotar por el paseo del río con la mirada hacia lo lejos, esperando ver su silueta caminar hacia él, y tan sólo unos minutos después consigue distinguirla entre un grupo de peatones que, varios metros más adelante, acaban de cruzar la calzada.
El ritmo no sube pero las pulsaciones se disparan, a tenor de la onda expansiva de cada latido.
Van por la misma acera. Uno frente al otro. Ella camina, él a 5´el kilómetro. Se acercan. Llega el momento. Tan sólo son unos segundos... y se cruzan.

Con el paso del tiempo sabrá que ella nunca se fijó en él, pero eso, en ese instante no importaba absolutamente nada. Lo verdaderamente importante era conseguir dar toda la vuelta a los puentes para llegar a la estación antes que ella, y poder volver a cruzarse una vez más.
Ese día no lo consiguió y desde lo lejos, sólo pudo comprobar cómo su silueta se perdía entre otras tantas en la puerta de la estación.

- ¿Qué haces?
- Escribir
- ¿Ya estás con tus carreras?
- Bueno... más o menos.

Hoy, más de dieciséis años después, puede ver su silueta todos los días sin tener que buscarla, de hecho, muchas veces hasta le quita su lado favorito del sofá.
De vez en cuando él le echa en cara el esguince que, por mirarle a ella y no al suelo, tuvo que apartarle de las zapatillas durante una temporada, mientras ella entre risas le responde con un "y encima para no darme cuenta de nada...".

Y es que la vida siguió para los dos por caminos diferentes. Ella caminando hacia la estación, él corriendo a 5´el kilómetro... hasta que un 16 de septiembre, ambos caminos se cruzaron y se hicieron uno.


Esta historia y sus personajes son fruto de la imaginación. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia...


- ¿Todavía sigues escribiendo?
- Ya acabo
- ¿No te habrás inscrito a otra carrera, no?
- No. Por cierto... ¿Ya sabes que día es hoy?

   
 @otrolocokcorre