sábado, 30 de julio de 2011

MARATÓN DEL ANETO


Sin ninguna duda será uno de mis mejores recuerdos por los siguientes motivos: Mi primer maratón, de montaña, 42 kilómetros con casi 2000 metros de desnivel acumulado positivo, con una altitud máxima superior a los 2470 metros, en autosuficiencia, sin avituallamientos, con el recorrido sin señalizar, a más de 300 kilómetros de casa, junto al Aneto... a priori todos los ingredientes para presentarse como un bonito reto deportivo con tintes de aventura, y en contrapartida, como poco, para tenerle algo de respeto.

Tengo la enorme suerte de poder compartir esta experiencia con Imanol, Charly y Mario.

Después de rastrear foros y blogs de otras personas que habían participado en esta prueba en ediciones anteriores, estudiar y estudiar el recorrido, planificarlo, entrenar y yo que sé cuantas cosas más, por fín llegó el día de subirnos al coche y desplazarnos hasta Benasque. Fue un 29 de julio de 2011 y ya quedaban menos de 24 horas para soltar toda la adrenalina que había ido acumulando durante los últimos meses y que los últimos días se había multiplicado hasta desbordarse por todos los lados.

La carrera empezaba a las 14:00 horas del día siguiente. Minutos antes de ello, había que pasar el control de salida en donde entre otras cosas comprobaban que en la mochila estaba todo el material obligatorio marcado por la organización. En mi caso, tras revisarla y pesarla, me anuncian que durante la prueba llevaré a cuestas 4,700 kg de mochila, ropa, pastillas potabilizadoras, frontal...


Se escuchan avisos por megafonía de la organización para la carrera y adelantan que hará buen tiempo con riesgo de alguna tormenta de verano. Rondaremos los 30 grados en Benasque. También avisan de que el último lugar en el que se puede coger agua antes de subir a la cima de La Picada, es en las corrientes del rio situado junto al puesto de control del km 14,7, rio Ésera... dato importante para mí, siendo como soy, un bebedor compulsivo.

 
Se acerca la hora y suena la canción de... ¿Bob esponja? Son las 14:00 horas, chupinazo al cielo y salida del pueblo entre la ovación de la gente. Por delante me quedaban 6 horas, 7 minutos y 21 segundos de diferentes estados de ánimo y físicos... algunos de ellos totalmente nuevos para mí. 

 

Los primeros kilómetros son cómodos y sin grandes desniveles. Son buenos para ir entrando en calor y coger ritmo. No respeto el planteamiento que tenía de caminar 2 minutos por cada 8 de correr. Como siempre todas las estrategias se van al garete y no paro de correr ni por el forro, aunque la propia carrera obliga a detenerse y caminar cuando aparecen las primeras cuestas y se van formando pequeños "tapones".  


Enseguida me doy cuenta que llevar las manos pintadas de arriba abajo con la chuleta del recorrido y lo que había estudiado del mismo, no vale para nada, ya que siempre hay alguien a la vista por delante que va abriendo el camino.

Pasado el primer control sigue algún kilómetro en la misma tónica. Suavemente se empieza a ganar altura hasta que la cosa se pone seria y la pendiente sube bastante, coincidiendo con un tramo lleno de piedras e incómodo para pisar, lo cual me saca a patadas de la "comodidad" en la que corría hasta entonces para dejarme claro que estoy en un maratón DE MONTAÑA.




El sol pega y ya se empieza a sudar. Las subidas empiezan a ser pronunciadas y se suben andando a paso ligero. Se va cogiendo altura y las vistas empiezan a ser muy bonitas.



Hacia el kilómetro 11, por primera vez en la carrera me veo con la necesidad de bajar el ritmo. Lo que en el perfil de la prueba parecía una pequeña subida, se me antojó dura e interminable. Eso hacía que mi cabeza hiciese la siguiente regla de tres: “si esto que no parecía gran cosa en el perfil, es así de duro, cuando llegue lo que sí parece una subida dura… ¿cómo será realmente?”. Por primera vez, gente que había adelantado me volvía a pasar. Esto no era una buena señal.



Después de empezar a asimilar una tormenta de pensamientos negativos llego a ese lugar en donde se podía llenar por última vez el camelbag. Me cuesta bastante llenarla con la corriente del rio y me tengo que ayudar de una botella de plástico vacía que llevaba en la mochila. Una espectadora me ofrece una botella llena, pero recordando el reglamento de la carrera, el cual cumplí a rajatabla (novato de mí) la rechazo, eso si, muy agradecido. 

Con dos litros de agua fresca y restos de un gel en la garganta, la vida se ve de otra manera. Consigo coger de nuevo ritmo, corriendo todo el rato tras una chica que fue mi salvavidas, ¡que importante es no correr sólo!. Así llego al inicio del muro de la prueba, la ascensión a los 2470 metros de La Picada, la cual se me hizo eterna. En varias ocasiones me cruzo con gente que bajaba y todos me dicen "queda poco" "venga que ya está"... pero al mirar hacia arriba yo solo veo que es interminable. Me empiezan a doler los gemelos y tengo algún que otro calambre, además se echan encima las nubes y el frío se deja sentir. A unos 2400 metros tengo un pequeño mareo que achaco a la altitud. Paro unos segundos, un poco asustado (esta senasación era nueva y desconocida) pero enseguida continuo la subida, pasos cortos pero constantes. Las vistas son, eso sí, ESPECTACULARES y merece la pena detenerse unos segundos para inmortalizarlas con alguna fotografía y de paso coger aire... Veo la última cuesta y las banderitas arriba, paso a paso hasta que finalmente llego con el pulso por las nubes y las piernas agarrotadas. 





En la cima hace frio, así que sólo estoy unos segundos y no dudo en empezar la bajada. Por delante quedan unos 21 kilómetros. Al estar las piernas agarrotadas lo hago andando mientras intento comer una barrita energética, misión imposible, se hace una masa de cemento. Empiezo a penar y en la bajada tengo dos tirones en el muslo, necesitando tirarme unos minutos al suelo para estirar. La verdad es que en este tramo voy sufriendo de lo lindo, creo que bastante más que en la subida. Ya no hay ganas de sacar fotos y sólo quiero que "esto" se acabe. Tengo ¿frío?

Poco a poco vuelvo a empezar a sudar y con ello veo la carrera de otra manera. Un camino estrecho y un pelotón de gente delante, me viene muy bien para que no les pueda adelantar y vaya recuperándome de las secuelas de La Picada. Como voy a un ritmo cómodo cada vez me siento más fuerte, con unas ganas terribles de llegar al siguiente puesto de control, en donde recordaba que empezaba la cuesta abajo y el camino era más ancho.

Dicho y hecho, nada más pasar el puesto de control comienzo a correr como me da la gana. El camino es ancho y adelanto a un montón de gente. Voy subiendo de ritmo poco a poco. De repente me siento muy fuerte. Paso una zona de piedras sueltas a toda velocidad. Que le den por saco a los esguinces!!. Las piernas van de maravilla. Calculo que adelanto a más de 30 personas y además la diferencia de velocidad es considerable. ¿Por qué la gente va tan despacio?... Empiezo a hacer cálculos de la hora de llegada. De seguir a ese ritmo, llegaría antes de 6 horas 20 minutos.

Sigo a toda leche, cada vez más rápido. Sigo haciendo nuevos cálculos de la hora de llegada antes de lo previsto. Me parece increíble cómo se puede dar la vuelta al cuerpo de tal manera. Veo el cartel de 2 km a meta.. ¿ya?. Casi sin darme cuenta estoy cruzando la línea de meta entre los aplausos del público.
Mi sueño de todo el invierno y primavera se esfumó cuando me colgaron del cuello una medalla en la que se leía FINISHER.

Vine de novato y me fui un poco menos, pero novato aun. Aprendí que en estas pruebas la experiencia, como casi todo en la vida, es un grado y yo pequé de ingenuo en muchas partes de la carrera. Pero también aprendí que no solo corren las piernas y la cabeza, sino también el corazón y yo de eso iba sobrao. Y así, de novato y medio muerto a mitad de carrera, pude darle la vuelta al cuerpo e irme a casa con mi nombre en el puesto 153 de un listado de más de 500 participantes. Ni en sueños hubiese imaginado un final tan bueno.

Por cierto, estas experiencias compartidas... lo son mucho más y mejor.

1 comentario:

  1. Esta entrada es de hace más de dos años pero no pasa nada tengo que decir que me ha encantado la crónica y los paisajes son preciosos. Un saludo.

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