domingo, 27 de noviembre de 2011

34 MARATÓN DONOSTIA



Al día siguiente me sentaba y recordaba lo vivido el día anterior. Quise escribirlo para poder leerlo y recordarlo cuando me diese la gana. La verdad es que lo he hecho unas cuantas veces. Fue mi primer maratón de asfalto y lo grabé en mi memoria así:

"... 42,195 kilómetros de distancia repartidos en una vuelta a un primer circuito de algo más de 5 km y dos vueltas a un circuito de algo más de 18 km, transcurriendo en su totalidad por las calles de la ciudad de Donostia y situándose la línea de llegada en el interior del estadio de Anoeta.

La meteorología no podía estar más de nuestro lado y nos obsequió con un día despejado y frío en la línea de salida. A eso de las 09:00 horas el mercurio marcaba 6 grados, para posteriormente subir progresivamente hasta los 10. Era el día ideal para correr.

Atrás habían quedado ya los nervios y la masiva ingesta de pasta y arroces, así como las dudas de la vestimenta, de la cantidad de geles a llevar, de si llevar o no mp3, de si guantes si, guantes no… por no decir nada de la estrategia a seguir. Ya todo estaba decidido y cuando a las 09:00 horas comencé a dar los primeros pasos y cruzar la línea de salida, ya no había vuelta atrás de ninguna manera.

Pantalón corto con dos geles en el bolsillo, medias de compresión, gorra, mp3, guantes, pequeño pañuelo al cuello, pulsómetro y una botella con sales minerales y un tercer gel pegado a ella con cinta adhesiva.
Inicio mi aventura con Fernando, antiguo compañero en el Colegio y con el que la práctica de este deporte me ha vuelto a encontrar ¡después de más de 20 años! Mi estrategia es clara y simple: tengo que seguir la liebre de las 3:30 horas, lo cual supondría finalizar el maratón a una media aproximada de 5 minutos el kilómetro. Este era mi plan. La decisión estaba tomada por mí y basándome únicamente en los entrenamientos que había realizado, en las sensaciones que había tenido, así como en los sabios consejos de tres amigos maratonianos, Mikel, Imanol y Patxi, quienes coincidieron grabándome en la cabeza ideas como que "el maratón empieza a partir del km 30", "intenta correr siempre en grupo", "puedes ir en el km 30 fresco y en el km 36 no poder correr" y "guarda fuerzas".

Los primeros kilómetros son para ir entrando en calor y poner toda la maquinaria en funcionamiento. Enseguida me sobran los guantes y el pañuelo y en cuanto puedo me deshago de ellos, dándoselos a uno de mis incondicionales fans de ese día. 


Acaba la primera vuelta, dando paso a la segunda (primera de las de algo más de 18 km). El cuerpo ya ha entrado en calor y el ritmo marcado por el grupo se sigue cómodo. En todo momento el cartel de 3:30 horas delante y bien a la vista. Veo como en el paseo de Errondo, Fernando y un amiguete suyo se empiezan a adelantar, hasta que finalmente rebasan la cabeza del grupo para iniciar su aventura por libre y a un ritmo un poco más ligero. En ese tramo veo también a mi amigo Mario con su cámara de fotos haciendo magia.  


Decido seguir en el grupo de las 03:30 horas y me centro en la música del mp3, tanto que a veces me evado completamente de la carrera. Gran acierto el de la música. Además de ello bebo del botellín que llevaba en la mano, con lo cual no tengo que parar ni preocuparme de los avituallamientos. Hago la segunda vuelta disfrutando de la carrera, me fijo en la gente, en los corredores, en las cosas que hacen, en sus camisetas, saludo a gente... A la altura del km 20 paro en un avituallamiento para coger un botellín de agua y relleno el que llevaba yo, ya que el mío tenía pitorrito y era más cómodo para beber. Sigo con el botellín en la mano. Es curioso ver cómo, tras descolgarme unos segundos del grupo para avituallarme, me cuesta bastante esfuerzo volver a enlazar con ellos. La idea de correr en grupo parece que ha sido un acierto. 


El paso por la calle Easo es una gran inyección de moral. Al inicio de la misma hay una gran aglomeración de personas animando y dando gritos. Es imposible escuchar la música con tanta ovación, pero lo mejor estaba por llegar unos metros más adelante. Allí estaban todos mis compañeros de trabajo, animando y gritando. Cuando paso a su altura me gritan que mire hacia arriba y al hacerlo puedo ver una pancarta, si bien ya no puedo leer su contenido, tendría que ser en la siguiente vuelta. Escasos metros después paso por el punto señalizado como medio maratón y lo hago marcando un tiempo de 1h 44´26´´. La liebre debe de ser suiza (a 5´el km), a pesar de la cara de euskaldun que tiene.


Llegamos a Anoeta y eso supone acabar la segunda vuelta e iniciar la tercera y última. De aquí a meta quedan aproximadamente 18,5 km y durante esta última vuelta pienso a menudo en que "ya no tengo que volver a pasar por aquí" y "voy cerrando circuito", lo cual da un poco de moral.


Me sigo encontrando cómodo, voy al mismo ritmo que en los entrenamientos, que cuando tocaba hacer recorrido largo. Las pulsaciones controladas.

Mi primera sorpresa se da en el paseo de Errondo, cuando veo cómo mi grupo se va acercando hacia el amigo de Fernando, el mismo que hacía exactamente una vuelta se había adelantado con él. Algo no le iba bien. Le pasamos rápido y no engancha con el grupo, se queda atrás. Me recordó las etapas de ciclismo, algo parecido a cuando el pelotón da caza a alguien que ha estado fugado durante mucho tiempo. Al pasar a su altura le pregunté a ver si iba bien. Al cabo de unos segundos me di cuenta que había hecho la pregunta más gilipollas de me vida. 


Seguimos por la calles del Centro, Gros, para ir acercándonos poco a poco al km 30. Me permito el lujo de ir chocando las palmas con los críos que me lo piden desde el público. Allí retumban en mi cabeza las palabras de Imanol "el maratón comienza a partir del km 30"… pues bien, ya ha empezado el maratón, pienso.



Rebasado el km 30 y ya cercano al km 32, las cosas poco a poco empiezan a cambiar. El cansancio acumulado cada vez se hace notar más, y poco a poco noto como mis pulsaciones van en aumento. Parece como si de repente todos empezaran a correr más deprisa, pero sólo lo parece, ya que el crono atestigua que seguimos haciendo una media de 5 minutos el kilómetro. La realidad es que cada vez me supone más esfuerzo seguir el ritmo de la liebre. Me concentro mucho en cada zancada y en la respiración y poco a poco voy superando esos momentos de agitación para volver a adaptarme al ritmo del grupo. Es como subir la intensidad, como subir el volumen de la radio… De no haber llegado en buenas condiciones a esta parte de la carrera, me hubiera quedado descolgado o hubiese sufrido mucho. Llego a colocarme justo detrás de la liebre y ya no me separo de ella. Veo como poco a poco vamos dando alcance a mucha gente.

Se acerca la pequeña subida existente en la Avda Satrustegi, justo antes de la entrada al túnel de Ondarreta y oigo como alguien le grita a la liebre que suba despacio. Es increíble, la subida son escasos metros y muy ligera. La gente va muy justa. Poco a poco llegamos a la calle Easo y para mí supone una nueva inyección de moral. Todo lleno de gente animando, allí también están mis incondicionales y por fin puedo leer lo que pone en la pancarta "AUPA MIGUEL". Pensando en ellos y en lo locos que están, paso por el cartel del km 39. Ya no me queda nada. 


Adelantamos a bastante gente, alguno de ellos andando. Yo siento ganas de terminar y para cuando me doy cuenta, voy corriendo a la par de la liebre. Tengo que frenar un poco para no irme y me coloco detrás de él. Tengo miedo en irme solo, ya solo quedan 3 kilómetros y no quiero hacer ninguna tontería. Finalmente las ganas pueden conmigo y algo más de un kilómetro antes de la meta, ya no puedo más y subo el ritmo. Me voy del grupo. El cuerpo responde bien, cansado pero bien y poco a poco me voy acercando a la entrada del estadio. Al pasar junto a las pistas de atletismo me vienen a la cabeza los días de entrenamientos con las dichosas series y justo antes de entrar en Anoeta oigo los ánimos de mi familia... subidón!!

Todavía acelero más. Adelanto a bastante gente en los últimos metros y para cuando me doy cuenta, ya estoy llegando en meta, riéndome de felicidad, levantando los brazos hacia el cielo y pensando en mis seres más queridos. El crono se para en 3 horas, 27 minutos y 38 segundos.


Durante muchos tramos del recorrido había pensado que canción sonaría en el mp3 en el momento que entrase en la línea de meta y el premio es para "With or without you de U2". Veo que 30 segundos después, entra en meta la liebre de las 03:30. Calculo que en poco más de un kilómetro le he metido ese tiempo, lo cual me hace pensar que lo habré hecho a una media aproximada de 4 minutos y medio.
Las sensaciones son muy buenas. Cansado pero no fundido. Podría haber seguido corriendo.

Trato de estirar y estoy duro como una piedra y de repente me entra mucho frío. Le doy la vuelta en unos minutos.

Ya todo ha terminado. La experiencia ha sido muy buena. Guardaré un buen recuerdo de mi primer maratón de asfalto. Tal vez, solo tal vez, podría haber hecho un crono mejor, ya que la sensación fue la de llegar con reservas, pero por tres o cuatro minutos menos no me juego para nada la sensación de boca tan buena que me ha quedado de esta prueba, eso contando con que no hubiese pagado al final ese plus de esfuerzo.

Me siento agradecido a muchas personas que ese día y los anteriores me estuvieron animando, aconsejando y apoyando de una manera u otra y todos aquellos con los que pude intercambiar opiniones y dudas ante esta pedazo de prueba. Inolvidable..."

www.maratondonostia.com

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