domingo, 13 de noviembre de 2011

47 BEHOBIA SAN SEBASTIÁN. Una Behobia muy calentita

Una Behobia muy calentita...

23000 personas inscritas para la 47ª edición de esta carrera a la que me atrevo a llamar "REINA DE LAS POPULARES". Los últimos días, el foro de la página web de la Behobia parece un mercadillo de compra-venta de dorsales. Aquellos desafortunados que finalmente no podrán corren, con su mala suerte darán una gran alegría a otros que en su día no tuvieron la fortuna de poder inscribirse. Lo uno por lo otro.

Ya todo está preparado, ha habido suerte de no coger un catarro los días previos. Los entrenamientos acabaron el día anterior, cuando se sale por última vez a poner en funcionamiento la maquinaria a unas revoluciones muy inferiores a las que habitualmente se hacía. Un pequeño y agradable trote por la ciudad, bajo los acordes de esas canciones que son especiales y que tantas veces han acompañado la soledad de corredor y que se escuchan a través de un mp3 que cuelga del brazo o de la cintura.

En casa todo en orden. Las zapatillas preparadas, los calcetines, el pantalón, la camiseta con el dorsal perfectamente colocado en la mitad... todo encima de la cama, para cada vez que se entra en la habitación mirarlo de reojo y desear que el reloj marque las 11:00 horas. Todavía queda la última noche y hay que irse pronto a la cama para poder descansar y correr al día siguiente los 20 kilómetros que separan las localidades de Behobia y Donostia, con su sube y baja, con su baja y sube. 
Todo está controlado salvo una pequeña preocupación, algo que desde días atrás ya se había avisado por parte de la organización, algo completamente inusual en el cantábrico a mediados del mes de noviembre... y es que para el día de la carrera, 13 de noviembre de 2011, se anuncia que hará viento sur y temperaturas en torno a los 20 grados... seguro que ni el más pesimista pensaba que podría ser para tanto... pues estaba equivocado.


Mi fiesta de la Behobia comienza el domingo a las 09:00 horas en la estación de tren de Donosti, en donde coincido con gran cantidad de gente que, al igual que yo, espera ansiosa la llegada del tren que nos transportará a Irún. Puntual a su cita, los vagones son invadidos por una masa humana multicolor formada por corredores, que una vez en la localidad de Irun se divide para, unos acercarse a Behobia andando y otros para hacerlo en autobuses que hacen de lanzadera.

En pocos minutos y ya en Behobia, uno se sumerge sin quererlo y sin darse cuenta en lo que realmente es la Behobia... una fiesta. Lo que se ve en esos instantes es indescriptible. Uno podría sentarse y contemplarlo durante horas y horas, y no se cansaría de ello. De una masa humana formada por miles y miles de corredores manan diferentes estados, algunos de nerviosismo, otros de risa, de concentración, hay que gente que estira con la mirada perdida, otros hablan del calor que hace y que va a hacer, otros se intercambian cremas, geles, líquidos, hay corredores que no dejan de dar vueltas y vueltas corriendo a un improvisado circuito, personas disfrazadas, gente de todo tipo, cada uno habla del tiempo que le gustaría hacer en el Boulevard donostiarra, algunos se encuentran con conocidos, saludos, últimos apretones, gente que tira ropa por cualquier lado, risas, bromas... todo ello amenizado por varios puestos de megafonía e incluso grandes pantallas de televisión. 


Las primeras salidas van anunciando la cercanía de las 11:00 horas. Primero salen lon minusválidos, luego los rollers... ya no queda nada. Los nervios a flor de piel, hay una fuga de ansiedad en el ambiente, de ganar de salir, de empezar a correr y de ser el punto de mira de los miles de aficionados que a a ambos lados del recorrido se agolpan por aplaudir y animar a los corredores.

Llega la hora de la salida. Cada grupo sale puntual y por fín llega la hora de la salida del mío. Dorsal rojo en el pecho mi momento comienza a las 11:04 horas. Los últimos lo harán a las 11:44 horas. Comienzan los primeros pasos y cada uno en mente lleva su objetivo grabado. Algunos querrán hacer marca. Otros simplemente llegar. Otros mejorar el tiempo del pasado año. Otros ganar al conocido que sabe que correrá la prueba. Otros divertirse... Cada uno tiene bien claro lo que quiere conseguir en esta prueba. 


Los primeros kilómetros ya dejan claro que el día se las va a traer. La respiración no es como la de siempre y la bocanada de aire fresco habitual se ha tornado a un aire cálido y se hace muy pesado correr. La concentración de los primeros kilómetros por no chocar con nadie, por abrirse paso entre los corredores, por no golpearte con alguno de los pivotes existentes en la calzada o por coger ritmo, hace que uno no se pueda disfrutar mucho de la gran cantidad de gente que aplaude y anima a ambos lados de la calzada. Es impresionante. Todo está repleto de gente.


Camino a uno de los puntos calientes de la carrera, el alto de Gaintxurizketa, empiezo a ver que algo no va bien. Hay gente andando, gente con dorsales verdes e incluso uno amarillo. Veo gente que ha abandonado la carrera, que caminan en sentido contrario de nuevo hacia Irun. Esto no es normal. Sólo es el kilómetro 6 de la prueba.

La subida a Gaintxurizketa se hace dura y bastante pesada. Por fin, ya en lo alto, comienza el tramo de toboganes que llevan a Lezo, pasando al lado de una familia de heavys que como todos los años ameniza el paso de los corredores con musica acorde a su estilo de vida. 


Momentos de respiro y momentos de cansancio. Se ve cada vez más gente con problemas. Gente atendida en un lado de la calzada, algunos de ellos tumbados en el suelo. El sol y el calor se han aliado con la humedad y con ráfagas de viento para destrozar la prueba. Es hora de que la cabeza funcione más que el corazón.

Impresionate la llegada a Lezo, las ovaciones y ánimos de la gente llevan a los corredores en volandas hasta el puerto de Pasajes y una vez allí y tras unos minutos de horizontalidad, que se hacen eternos, se supera el paso por el km 15. Desde aquí, alguien que ha corrido la Behobia sabe lo que le espera, y el que no lo ha hecho será algo que ya nunca podrá olvidar. 

  























Tras pasar Trintxerpe comienza la última parte dura de la carrera, la subida al alto de Miracruz. Es un dulce sufrimiento, ya que la dureza y el agotamiento acumulado, contrasta con los ánimos y calor de la gente que se agolpa por ver el paso de los corredores. La carne se porne de gallina al escuchar como desconocidos gritan fuera de sí el nombre del corredor, nombre que se puede leer en los dorsales. Los aplausos y gritos retumban en las cabezas de los corredores y sin tener más fuerzas, sin poder más, yendo al máximo de cada uno, aun se da todavía un poco más, sale una energía extra de yo no se donde. 



El paso por Ategorrieta, la Avenida de Navarra, la Avda de la Zurriola y la entrada en el Boulevard hasta línea de meta, no tiene nada que envidiar al paso del Tour por la cima del Tourmalet. Es el gran premio de la Behobia, algo por lo que no se paga, algo que no tiene precio.

Este ha sido el año de los records. Había 23000 personas inscritas, de las que casi 20000 salieron en Behobia. Al terminar la jornada se informaba que 370 corredores tuvieron que ser asistidos por los servicios sanitarios, 4 de ellos ingresaron en la UCI y otros tantos en planta del Hospital Donostia. Nunca antes había ocurrido algo así y es que una combinación de varios factores tuvieron como consecuencia citado desenlace. El calor, el viento sur y la alta humedad, eran fenómenos naturales que no se podían evitar. 


En este sentido hubo varias críticas a la organización, ya que si bien es cierto que avisaron unas horas previas a la carrera de la importancia de hidratarse bien, en ningún puesto de avituallamiento hubo a disposición de los corredores bebidas isotónicas. También se dió la circunstancia de que algunos corredores (dorsal blanco) se quedaron en momentos puntuales sin poder beber agua en algún punto de la carrera.

GRACIAS a todos los que corren la Behobia desde el otro lado, a ese tesoro que tiene esta prueba, tesoro de valor incalculable... GRACIAS PÚBLICO.

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