domingo, 7 de octubre de 2012

7 RONCESVALLES ZUBIRI. Una fiesta para todos y todas



Acompañado por decenas de corredores en el interior de un autobús que dibujaba curvas serpenteantes camino a Roncesvalles, mi cabeza se remontaba ocho años atrás cuando recorría esas mismas curvas para dar inicio a una de las mayores aventuras de mi vida: El Camino de Santiago.

Tenía mucha espectación por conocer la Roncesvalles Zubiri, una carrera que por su trazado no parecía ser excesivamente dura y en contrapartida era mucho lo que ofrecía: una organización exquisita, mucha repercusión mediática en Navarra, una gran fiesta y recibimiento en Zubiri y por supuesto volver a pisar el Camino de Santiago y recorrer parajes que en su día me encantaron, como aquel bosque de hayas al que fotografíé una y otra vez.


... él no pudo ver este paisaje...

A la larga espera por llegar de los primeros a Roncesvalles, me compensó poder ir viendo como poco a poco iba cogiendo forma una gran fiesta con la contínua llegada de corredores, familiares, medios de comunicación... todo ello mientras aprovechaba cualquier lugar para dar unos trotes y estirar, o cuando entraba y salía, volvía a entrar y salir, y otra vez, y otra... a unos improvisados baños, más que por necesidad por ser presa de los nervios.

Ya son pocos los segundos para que den las 11:00 horas y comience la carrera. Por delante quedarán algo más de 21 kilómetros de tierra, caminos, asfalto y piedras, para poder disfrutar del recibimiento que han preparado en Zubiri. Los primeros corredores en la línea de salida son espectadores privilegiados que ven el baile de dos dantzaris justo antes del pistoletazo de salida.

... él no pudo ver a las dantzaris...

Ya ha comenzado la carrera. Había oído que se suele formar un tapón en los primeros metros, justo al paso por el archifotografiado cartel de SANTIAGO DE COMPOSTELA 790, y a pesar de que intenté salir entre la primera mitad de la multitud fueron varios los minutos en los que me ví condenado a parar y a caminar. 

 
Una vez superado el embudo inicial cada uno va cogiendo su sitio en la carrera, y a partir de ahí son principalmente dos las sensaciones que se tienen. Por una parte la de castigo para las piernas, sobretodo las subidas y bajadas del Espinal, Mezkiritz, Linzoain y Erro, y por otra parte la de recompensa para la vista con bellos lugares para poder correr y divisar.

 ... él solo tuvo castigo para las piernas...



 
Y así, tras una vertiginosa bajada desde Erro a Zubiri, un tramo que me pareció bastante técnico y peligroso, y en la que me jugué alguna caída por adelantar unos segundos mi llegada, me ví cruzando la línea de meta entre los aplausos de una multitud que allí se había congregado para disfrutar de la fiesta de otra manera diferente. 

Y es que para eso la organización se había preocupado muy mucho de que todo el mundo que acompañaba a los corredores y corredoras estuviese entretenido... spinning, zanpantzar, música, mercados artesanales, castillos hinchables, animación, productos de la tierra, karts, comida popular...  
¡como para aburrirse!


Pero para aplausos y animación la que hubo cuando tan sólo media hora después cruzaba la línea de meta él... él es el mismo que no pudo ver las dantzaris, ni los bellos paisajes, ni el camino rodeado de hayas, ni la gente, ni las piedras, ni los agujeros, ni los desniveles, ni los charcos, ni las ramas...


Serafín Zubiri, invidente, acompañado del que hizo de guía, Alberto Cascante, aún no me explico cómo, cruzaba una línea de meta de todo un reto personal y una demostración de que en esta vida no hay nada que pueda sucumbir ante la voluntad de las personas.

Todo un ejemplo para los y las que tuvimos la suerte de correr a su lado y las personas que le pudieron ver, animar y dar su calor. 

Seguro que todo eso lo sintió.


Este relato es mi pequeño homenaje a su hazaña.

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