domingo, 9 de junio de 2013

8 KOSTA TRAIL. La fiesta del barro





Esta será sin ninguna duda una edición de la Kosta Trail en la que cualquier persona que haya participado jamás olvidará. Al día siguiente la prensa la calificaba como épica, y es que a sus 30 kilómetros de recorrido y más de 1000 metros de desnivel positivo se le sumaron unas duras condiciones climatológicas y sus consecuencias… barro, lluvia, barro,  pequeños riachuelos, barro, fuerte viento, niebla... ¿he dicho barro?

Una hora antes de la salida la organización se reunía para valorar la situación tras las últimas lluvias caidas, decidiendo finalmente seguir adelante con la carrera y marchas, así que según lo previsto, a las 09:00 horas se da el pistoletazo de salida a la carrera bajo el sonido de la bso del último Mohicano. De momento no llueve.

La primera sorpresa unos metros antes del km 2, una subida bastanta larga y empinada que es un auténtico barrizal. Fue el principio de una tónica que duró hasta el final, barro, barro y más barro. La ascensión se hace complicada, la gente se resbala, algunos se agarran a las hierbas de los bordes del camino, otros que suben a cuatro patas, gente que empuja a los que les preceden... Pero si la subida es complicada la bajada lo es aun más. Empiezo a ver los primeros patinazos serios y como consecuencia las primeras caídas. La mayoría de la gente baja con mucha precaución, resbalando, agarrándose a ramas, a árboles y en algunos tramos andando muy despacio.



A los 5 km ya me había quedado claro que el objetivo de esta carrera era el de acabar, había que olvidarse del crono e intentar no caerse y mucho menos lesionarse.

Todo siguió igual hasta el km 8 en donde ya se empezaba a correr por los acantilados y playas. Pensaba que por esta zona, al salir del monte, ya se habría acabado el barro… ¡que ignorante! Si las cosas estaban mal con el barro, se unieron dos compañeros de viaje... la lluvia y un fuerte viento costero.



Las subidas y bajadas a las playas también eran muy complicadas. Hay mucho barro... más resbalones, cuatro patas… Veo bastantes caídas, misma gente que se cae una y otra vez y auténticas piscinas en mitad de lodazales. Igual me reitero mucho, pero es que de verdad que hubo secuencias y caidas que me recordaban a cómicos programas de humor amarillo...





Coincidimos en algunos tramos con gente de la marcha, a quienes han tenido que desviarles por el mal estado del recorrido. Me llama poderosamente la atención ver a niños y niñas de muy corta edad andando en esas condiciones y a sus padres, incluso a gente mayor. Al pasar junto a ellos, toda esa gente, muy respetuosa, se detiene, se aparta, animan y en algunas ocasiones siento que miran a los corredores como si fuésemos "héroes" o algo así... ¡pues anda que vosotros!, pienso.

El terreno sigue siendo un barrizal y un campo de "minas" de agua. Veo cómo una persona cae tres veces seguidas. También llega mi momento, no podía ser diferente a los demás y me doy la gran leche. 85 kg al suelo como si fuese un saco. Sé que fue justo en el kilómetro 13, lo sé porque miré el gps, sólo con la intención de saber cuanto me quedaba de ese "infierno".




Hacia el km 17 llega uno de los momentazos de la carrera. Un pequeño barranquillo de barro que hay que subir y para ello hay un voluntario en la parte alta con una larga vara para que el corredor se agarre y a la vez los corredores de abajo empujan al que sube. Si no, era muy difícil la ascensión. Impresionante. Es un tramo de nuevo complicado, terreno con mucha vegetación hasta que por fin llegamos a una zona de asfalto. Ya estamos en Plentzia.
Por delante algo más de dos kilómetros corriendo por suelo duro. Es imposible ver a algún corredor que no vaya de barro hasta las narices. Si nos ven los de Ariel sacan de aquí un anuncio, pienso.

Llegamos a la playa de Plentzia. Hay que correr por la arena a lo largo de ella y hacia la mitad …sorpresa! Hay una lengua de agua de mar que llega hasta la pared del paseo. Es inevitable cruzarla y mojarse completamente los pies. En el momento en el que lo hago, el agua hace como una ola y ¡ala! hasta la rodilla... Agua y arena una mala mezcla. 




En el Km 21 llega la hora de la verdad, la última subida, la más dura (en lo que a desnivel se refiere), la del faro de Gorliz y Ermuamendi.
Hacia la mitad de la subida se echa la niebla, es difícil ver nada del paisaje y sabiendo que estás corriendo cerca de los acantilados, no verlos y escuchar el ruido del mar enfurecido ahí abajo daba mucho mucho respeto. 

¡¡La zona del búnker se ha inundado!! De nuevo charcos trampa. El faro ni lo veo por la niebla y poco a poco llego a lo alto de la subida.



Sólo queda la bajada, algo más de barro y mucho agua, habiendo tramos del camino que se han convertido en pequeños riachuelos. Empinadas rampas de bajada que acaban de machacar las piernas. Adelanto a bastante gente y por fin llegamos de nuevo junto a la playa. Unos cuantos metros más y me veo cruzando la línea de meta, en la que han quitado el arco de llegada ya que las rachas de viento son superiores a los 30 km/hora.

El crono se para en 3 horas y 29 minutos, 10 minutos menos que el pasado año.
Estoy feliz, cansado y lleno de barro.
 

Y como recompensa... una ducha fría!!


La organización de la carrera es buena. Este año ha ido todo un poco a trompicones, pero ha sido por el estado del terreno y las condiciones climatológicas. Además han tenido que modificar el recorrido e ir improvisando. Si correr un día así ha sido complicado, no quiero ni imaginarme cómo ha tenido que ser organizarlo.

Por lo demás hay muy buen ambiente. La carrera se celebra con otras dos marchas, una de montaña (20 km) y otra familiar (12 km) y se congrega mucha gente de todas las edades. Los avituallamientos son MUY buenos. Las vistas y el recorrido (cuando se pueden ver) son bonitas y además la recaudación obtenida de las inscripciones se destina a una obra benéfica local, en esta ocasión ha sido para la Fundación Vasca de Esclerosis Múltiple. Muy aconsejable.


1 comentario:

  1. ¡¡¡Cómo disfruté de esa edición de la Kosta Trail!!! jajajaja.... Cuando me desperté a la mañana me entraron serias dudas de si hacer la marcha o no dadas las complicadas condiciones climatológicas. Pero finalmente pasé por encima ese momento de duda y desayuné fuerte y me preparé con todos mis bártulos y me lancé a disfrutar a pesar de todo. La primera parte de monte fue una barbaridad, jajaja.... según daba pasos hacia adelante me iba escurriendo hacia atrás por todo el lodazal que había. ¡¡No te digo más que me tuvieron que sujetar de las posaderas para no caer y llevarme a todos los que venían tras de mí!! jajajaja..... Me lo pasé como una uténtica enana chapoteando y luchando contra el fuerte viento que azotaba en el paseo que va desde Azkorri hacia Sopela por el acantilado. Fue increíble, pero al acabarla se me quedó un sentimiento de satisfacción muy grande, la verdad. También lo conté en mi blog de batallitas deportivas, jajajaja...

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