sábado, 29 de junio de 2013

5 ULTRA SOBRARBE

“… ya han pasado varios días y los dolores van desapareciendo…”


Ya han pasado varios días desde que cruzaba la línea de llegada del que para siempre será mi primer ultra, y en ese instante con el puño cerrado con fuerza y rabia, recordaba en tan sólo unos segundos todos los duros momentos que había vivido para poder conseguirlo. Combinar la vida laboral, familiar y social con unos exigentes entrenamientos, sumado a las malas condiciones climatológicas que habíamos tenido durante el invierno y primavera en Gipuzkoa, lugar en el que vivo y entreno, me había exprimido al máximo y dinamitado la moral en más de una ocasión, a mí y a los y a las que me habían apoyado en esta aventura.

El azar quiso que un día conociese a través de internet el Ultra Sobrarbe y desde entonces la prueba me sedujo por completo. Tiempo atrás pude conocer un maratón de montaña en la zona de Benasque y ya sabía como se las gastaban las montañas del pirineo aragonés, una increíble y perfecta combinación de belleza y dureza. En esta ocasión el Ultra Sobrarbe se presentaba con 66 kilómetros de distancia y 3900 metros de desnivel positivo… glub.



La maquinaria se puso en funcionamiento y para cuando quise darme cuenta ya estaba inscrito, ya no había marcha atrás. A lo largo de los 66 kilómetros de la prueba y en más de una ocasión, sobre todo en los últimos metros de la ascensión a Portiello de Tella (¡¡que infierno más bonito!!) maldije ese momento en el que me inscribí… ¡eso si! fue algo pasajero.



 Subiendo hacia Portiello de Tella... por aquí ya llevaba más de un juramento

Últimos metros de la ascensión

Recuerdo que en el avituallamiento colocado antes de esa cima un voluntario me dijo:
- ¡Venga ánimo, de aquí a la cima 20 minutos!…
- ¿20 minutos? Pensé… no puede ser, si ya se ven las banderitas ahí…
Tardé 19 minutos en llegar y esta iba a ser la primera lección que me dio el ultra.. subiendo estas montañas, todo lo que se ve ahí... NO ESTÁ AHÍ… está mucho mucho más allí.

Y hablando de voluntarios… no es que tenga un gran curriculum en lo que a carreras se refiere pero ya llevo unas cuantas acumuladas y NUNCA antes he visto a gente tan entregada con los corredores. Si llegabas cansado y te sentabas unos minutos se acercaban corriendo para preguntarte si te traían algo para beber y/o comer, se interesaban por tu estado, en la Cruz de Guardia intenté clavar los bastones para llenar el camelbag, se me cayeron y vino un voluntario corriendo al grito de “espera, no te agaches, yo te los doy…”, al llegar a Serveto otro voluntario se acercó corriendo con reflex en mano para preguntar si lo necesitaba… de verdad, increíble, sin ninguna duda hacen grande esta prueba. Muchas gracias.

 Avituallamiento en la Cruz de Guardia. Gran labor.

Fueron 11 horas 14 minutos y 29 segundos que quedarán para siempre grabados a fuego en mi memoria. Recuerdo los primeros kilómetros a ritmo suave y con cautela, una única estrategia: regular las fuerzas, las primeras cuestas equivalían a los primeros “tapones”,
la luz del día ganando terreno a la oscuridad de la noche, la imponente Peña Montañesa ahí arriba vigilando cada paso que dábamos, Ainsa que cada vez iba quedando más alejada, el olor del amanecer, conversaciones espontáneas y bromas con otros corredores, esos montes nevados allí al fondo, el primer avituallamiento en Laspuña... 
  
 Primeros kilómetros

el camino junto al río Cinca, un precioso lugar para correr, la llegada a Lafortunada lo que equivalía al inicio de la ascensión a Portiello de Tella con su empinado y duro zigzagueo inicial, los primeros rayos de sol que aparecen dejando claro que iban a ser a partir de entonces compañeros de viaje hasta Plan, ganando altura a cada paso todo parecía más pequeño, la corta tregua de Tella con sus paisanos conversando tranquilamente, el avituallamiento donde avisaban que quedaban 5 kilómetros de dura ascensión, ver los primeros corredores con problemas musculares, tener que parar algunos segundos por los mismos motivos, la cima interminable y por fín las impresionantes vistas desde los 2090 metros de Portiello de Tella con su foto de rigor…


Las vistas desde Portiello de Tella. Espectacular. 


… el inicio del descenso, muy técnico y peligroso en sus primeros metros con piedras sueltas, patinando sobre ellas, un duro castigo a los tobillos, pero… ¿que es eso que viene a toda leche?… ¡una cabra! ¡como corre!, las miradas hacia atrás comprobando desde donde se bajaba, la barrita energética que se convierte en una bola inmasticable, el último avituallamiento a falta de 3 kilómetros para Bielsa… que por cierto se me hicieron eternos, ese cruce en el que ni yo ni los que venían conmigo nos dimos cuenta que el camino iba a la izquierda y no a la derecha (toma castigo de unos 400 metros extras... ¡eso si! no fuimos los únicos en despistarnos), la llegada a Bielsa, la gente animando, esas chicas bebiendo cerveza fría en la mesa de la terraza de un bar, ¡eso sí que fue una tentación! y no la posibilidad de poder acabar la carrera a los 42 kilómetros en Bielsa…


                                         Inicio del descenso

                        

 








Foto en Bielsa con un maratón en las piernas y la moral por las nubes




… los primeros pasos dejando atrás Bielsa, la sensación de que ya no hay marcha atrás, la incertidumbre de como será la ascensión al segundo muro de la prueba, el camino que lo desvían unos metros porque las lluvias recientes habían arrasado el puente por el que se cruzaba el río, el latigazo en el muslo izquierdo y los cinco eternos minutos en los que se fue disipando el dolor, el inicio de la subida, la formación de un pequeño “pelotón” de cuatro corredores, gente a la que alcanzábamos y gente que se iba quedando, una subida interminable por un bosque lleno de árboles y la bendita sombra que daban, el fuerte sonido de cascadas cercanas, paisaje espectacular, un pequeño riachuelo que había que atravesar, los bastones que se quedan clavados en el suelo y los pisotones al de adelante ya eran claros síntomas de debilidad, los árboles y su sombra que dejaban paso a una zona tan bella como cálida y soleada, el sentimiento de soy microscópico en este lugar, que belleza, un lugar idílico, la cima que se va a acercando poco a poco…



… las imponentes vistas desde los 2103 metros de altitud de la Cruz de Guardia con su también foto de rigor, el inicio del descenso, las pequeñas balsas de agua ocultas bajo la hierba, la sensación de haberme perdido al verme corriendo solo entre hierbas tan altas que casi no me dejaban pasar, un culetazo al resbalar en la bajada, las dudas de si me habré saltado el control, empiezan los cálculos de la hora de llegada a Plan, la maldita subida tras el avituallamiento de Serveto... ¡que dura se me hizo!, el sol que parecía que se había mosqueado y arrojaba toda su mala leche en forma de rayos de sol y calor, algunas bajadas entre barro, “pequeñas subiditas” que acababan de dinamitar las piernas… 

 En la cima de la Cruz de Guardia. Atrás Monte Perdido.

 Lo que había que bajar...

... y lo bajado


… oir los altavoces de la llegada desde 5 kilómetros antes fue un duro castigo psicológico, el dolor generalizado ya se hacía crónico a cada paso, los pequeños sorbos de agua pasaron a ser tragos largos cual esponja, el último control, sudar sudar y sudar, tengo pequeños delirios y me da por calcular la cantidad de plátanos que me he comido a lo largo de la prueba, la gente que grita “la meta está allí” (¡pues yo no la veo joder!), ese último rio que había que cruzar por mitad, la llegada que por fín se ve a lo lejos, la gente animando, uno de los bastones que se me mete entre las piernas y caigo al suelo 100 metros antes y ¡por fín! mi momento de gloria... Se acabó.


 A falta de menos de 4 km en Gistaín, dolor generalizado



Entrego el chip, me ponen un micrófono en la boca y me preguntan cómo estoy, “cansado” respondo, oigo por los altavoces mi número de dorsal, mi nombre, apellidos y procedencia... la carne de gallina, me dan mi camiseta conmemorativa... ya soy, como dicen en el Sobrarbe, ALLEGADOR. 


Algo más de 11 horas antes daba los primeros pasos desde el campo de fútbol de Ainsa junto con más de 300 corredores, con unos entrenamientos a mis espaldas un tanto escasos y lleno de nervios y de incertidumbres... ¿lo conseguiré? ¿me retiraré en Bielsa con el maratón? ¿me habré crecido? uy... esto me queda grande...


 

La experiencia ha sido increible, todo ha ido mejor de lo que esperaba, hasta el tiempo invertido, a pesar de que los últimos kilómetros fueron muy duros para mí. A lo largo de la prueba tuve algunos problemas musculares, todos ellos pasajeros ("a todo se le da la vuelta" sabio consejo que me dieron), hubo instantes en los que pensé que los cuadriceps me reventaban y supe controlar un ritmo que no me desgastara en exceso hasta que llegué al km 51 coincidente con la Cruz de Guardia, en donde pensé que ya estaba todo hecho, que ya sólo quedaba la bajada y mi cuerpo exprimido al máximo casi me deja sin chichas a falta de 5 km para meta. De todo se aprende. Todos los males y penas se esfumaron cuando llegué a Plan.

La organización de lujo, nunca antes había visto nada igual... si es que te daban hasta el desayuno!! Sólo les pongo dos pegas... ¿era necesario subir esos montes?... ¡si luego había que bajarlos! y la otra, es que vi una cabra corriendo sin dorsal. Desde luego no sé si me volveré a meter en otra embajada de estas, pero si lo hago seguro que será en el Sobrarbe. Un placer.


“… ya han pasado varios días y los dolores van desapareciendo… lo cual es en parte un alivio, pero a la vez me da pena... porque esos dolores que sentía al caminar me hacían recordar a cada paso que daba, todo lo vivido horas y días atrás..."

 
http://www.monteperdido.com/ultratrail-sobrarbe/

3 comentarios:

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    1. GRACIAS

      Te animo a que des ese paso y te apuntes a la prueba. Ha sido una experiencia espectacular. Si quieres mándame una dirección de correo y te cuento cómo la he preparado. He leido un poco tu blog y corriendo lo que corres, creo que no te costaría mucho.

      Un abrazo desde Donosti.

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    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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