domingo, 24 de noviembre de 2013

36 MARATÓN DE DONOSTIA... ¿Estamos locos y locas?


 

Estás loco (desde el cariño) es sin duda la frase que más veces he escuchado durante las últimas semanas por parte de todas las personas cuando se enteraban de que iba a correr la 36 edición del Maratón de Donostia.

“¿42 kilómetros corriendo? Estás loco…”, así una y otra vez.  Atrás han quedado ya los tópicos de “correr es de cobardes” o “eso es malo para el cuerpo…”. Ahora resulta que los y las que corremos maratones, estamos locos.

La verdad es que después de oírlo tantas veces, llega el momento en el que no puedo evitar pararme a pensar en lo que me dicen… y al final hasta me acaban entrando dudas. ¡Pero si hay películas que me aburren porque son largas y yo voy a estar más de tres horas corriendo!... Además, sé de sobra que lo voy a pasar mal, me va a doler todo... el agua es conductor de la electricidad, pero el cuerpo humano es un perfecto conductor del dolor y lo sé porque en los últimos kilómetros de un Maratón el dolor que se siente en cada zancada sube desde la planta del pie hasta los pelos de la cabeza… ¡la naturaleza es sabia, joder!... Además, si por un pequeño dolor de cabeza me tomo un paracetamol… ¿para qué narices voy a hacer algo que sé que me va doler? No tiene mucho sentido, la verdad… Y encima frío y mal tiempo, a cuatro grados de temperatura e intervalos de xirimiri… ¡pero si hay días que me da pereza bajar la basura con mejor tiempo!

Al final me acaban entrando dudas. ¿Tendrán razón?
¡Ah! se me olvidaba, y además un maratón no es cosa de un día. Vamos, que no te levantas de la cama y dices… “este domingo me voy a correr un maratón…”. Noooo, no es así. Normalmente el asunto se tercia tres o cuatro meses atrás, cuando cada uno y una se aferra a un plan de entrenamiento que de leerlo tantas veces se acaba quedando taladrado en las cabezas. Podría aventurarme a adivinar situaciones de muchos corredores y corredoras durante esos meses previos: Hoy series, que pereza… Mañana tirada larga y en el tiempo.es pone que va a llover, vaya faena, voy a mirar en aemet.com a ver si dan mejor panorama… Pues no me queda más remedio que ir a correr después de llegar de viaje porque ya llevo tres días sin hacer nada… No puedo ir a la cena porque mañana por la mañana es el único momento que tengo libre para ir a correr… Y así podría seguir y seguir y seguir. Parece que lo de correr se acaba convirtiendo en una obligación y que la gente se enfada cuando no puede hacer lo que tiene estipulado en su Santo plan de entrenamiento… ¡pero si no vamos a ganar nunca!... ¿Tendrán razón? ¿Estaremos locos y locas? 

Suena el despertador para anunciar que ya ha llegado el día 24 de noviembre de 2013. Ya sólo quedan escasas dos horas para que se dé pistoletazo de salida al Maratón, para que todas las dudas, ilusiones, deseos, miedos, nervios, ganas… todo un cocktail de sentimientos y sensaciones acumulados durante las últimas semanas, se esfumen como el humo de mi café mañanero y dejen paso a un precioso y privilegiado recorrido por las calles de Donostia de 42 kilómetros y 195 metros de distancia.

Pero ¡ay amigos! aquí hay trampa. Sobre el papel sólo es eso, algo más de 42 kilómetros, pero en la realidad no es verdad. Cuando ya se llevan corridos 36 kilómetros, no son sólo 6 los que quedan para terminar, no. Esos últimos 6 kilómetros se hacen eternos, se alargan cual chicle, las calles de la ciudad se vuelven eternas como las llanuras de Castilla y las pequeñas tachuelas, casi imperceptibles para la vista, se convierten en empinadas cuestas. Es la hora de la verdad en un Maratón y todo puede cambiar en un momento, como cuando llegan las galernas de verano o como en el momento en el que la niebla se deja caer sobre el monte…

No obstante, para llegar a eso todavía queda mucho recorrido, tal vez lo más bonito.  El ambiente previo a la carrera. Corredores que se saludan, familiares, amigos y amigas que se acercan a animar a sus allegados y allegadas, viejos conocidos que se encuentran y sus conversaciones de mil batallas vividas atrás, gente que calienta, que estiran, fotos de recuerdo, últimos preparativos, colas enormes en los WC que facilita la organización, “date un poco de vaselina”, “¿cuántos geles vas a llevar?”, “yo prefiero no llevar el chubasquero”, espectadores en sus balcones de la Avenida de Madrid a modo de palcos, animadores, gritos, risas, ánimos… en definitiva, ese ambiente previo a toda carrera, un ambiente lleno de expectación y con sobredosis de adrenalina. 

Este año junto con el Maratón también toman la salida los y las valientes de la media Maratón y unos minutos más tarde lo harán los y las de la prueba de 10 kilómetros. En definitiva, corredores y corredoras a tutiplé. 

Suena el ya archiconocido AC/DC para despedir de la salida a los alrededor de 3000 valientes que se lanzan a la conquista de su Maratón, cada uno y cada una al suyo, y es que a pesar de que el recorrido es el mismo para todos y todas, seguro que no habrá dos Maratones iguales. Yo me centro en el mío. Sé de sobra que todos los esfuerzos que se hacen hay que pagarlos en la caja de los kilómetros finales, así que intento coger mi ritmo, buscar un grupo que corran como yo y no hacer tonterías. 

 






















Así van pasando los kilómetros, uno tras otro. Ya se deja ver y oir los ánimos del público más madrugador y como siempre entre ellos hay caras conocidas que arrancan la sonrisa de los corredores y corredoras cuando llegan a su altura. También está mi público a quienes agradezco enormente su apoyo (ellos y ellas ya saben quienes son). Hay gente que hasta se ha currado carteles para animar a los suyos, sin ninguna duda un público muy entregado. Y los kilómetros siguen subiendo… ¡ya podía haber subido un poquito la temperatura!

Por un momento parece que todo está controlado, cada uno ha cogido su ritmo, lo mantiene controlado y se corre agusto. Y los kilómetros siguen pasando, 10, 20, ... 30. 

Pero de repente, poco a poco se va dejando asomar el cansancio. Las piernas se empiezan a quejar tímidamente, la respiración se torna más agitada, la necesidad de beber es mayor… Es curioso, hasta hace un momento el gps me avisaba con un pitido de que había registrado un kilómetro más, otro, otro y otro… y ahora, de repente, me veo mirándolo constantemente para saber cuánto falta para que vuelva a pitar… Parece que le falla la pila ¡joder!, pero no, la pila funciona bien y lo que ya no funciona tan bien soy yo. Acaba de llegar la galerna y en ese instante un cartel rojo grande me da la bienvenida al kilómetro 36… ¿Seguro que la avenida de Tolosa y la de Zumalakarregi eran tan largas?


Ha empezado mi batalla conmigo mismo. Sabía que esto iba a pasar pero no sabía cuando. Ya tengo las pulsaciones por las nubes y el dolor tímido ha dejado de serlo para expandirse por todo el cuerpo. Me fijo en la gente que me rodea y ya no hay grupos por ningún lado. Las calles del Antiguo y el paseo de La Concha son testigos de una peregrinación, cada uno y cada una con su cruz. Hay gente como el Guadiana, aparece y desaparece, otros que se van hacia adelante fuertes para a los pocos metros quedarse atrás fundidos, gente que cojea o que se detienen y que comienzan a caminar, veo gente estirando junto a un árbol en la acera y por supuesto veo gente que inmutable sigue a su ritmo…

Es la hora de que entre en funcionamiento el arma secreta de cada uno y una… la cabeza. No tiene piernas, no quita el dolor, no baja las pulsaciones… pero se encarga de recordarte todos los duros momentos que has pasado para poder llegar ahí y lo poco que te queda para poder conseguirlo. Aquella noche de lluvia haciendo el gilipollas en pantalón corto por una ciudad desértica, o la de días que no has comido para sacar tiempo y poder correr, o tu familia y seres queridos, o tu gente que estará ya nerviosa en Anoeta esperando verte llegar…. De repente se empiezan a notar empujones, cómo tira la cabeza… Ahora viene el público, calle Easo, aplausos, ánimos, gritos… como empujan ellos y ellas también…  


Y a base de empujones van pasando los temidos últimos kilómetros. El paso de Errondo a Anoeta es muy emotivo y por fín los últimos metros y llegada al estadio de Anoeta se van convirtiendo en un pequeño paseo triunfal y se va asimilando que vas a conseguir tu objetivo, que en tan sólo unos segundos estarás recogiendo una medalla y comiendo un plátano feliz y dolorido… En pocos segundos estaré cruzando bajo un arco y crono que atestigua que en mi caso han sido 3 horas y 21 minutos de carrera que una vez más se quedarán grabadas a fuego en mi memoria. Una vez más feliz.

Con el paso de las horas, tirado cual desecho en el sofá, me da por revivir todo de nuevo. Pienso en los demás. Había 3000 personas corriendo el Maratón y detrás de cada uno y una, una historia diferente. Yo conozco unas cuantas.

Durante la carrera he visto cosas muy bonitas, detalles que desgraciadamente no se ven en una sociedad tan podrida como la nuestra. He visto humildad, he visto sacrificio, he visto ánimos y calor humano, he visto igualdad, corredores y corredoras pros que una vez vestidos y/o duchadas se paraban a animar a los y las que llegaban a Anoeta, he visto superación, he visto orgullo de alguna espectadora al ver pasar corriendo a su pareja y ya no quiero ni pensar lo que sentirán los niños al ver a sus aitas o amas siendo aplaudidos como héroes o heroinas, he visto compañerismo, he visto felicidad, he visto frustración (¡la frustración tambien es buena!), he visto admiración... He visto muchas cosas bonitas y desde luego ha merecido la pena el esfuerzo y sacrificio.

Y tú.... ¿Estás loco o loca?



"... Las locuras que más se lamentan en la vida de un hombre son las que no se cometieron cuando se tuvo la oportunidad..."  Helen Rowland


6 comentarios:

  1. Enhorabuena tron!!!! Una vez más muy bueno!!! si hasta me dan ganas de apuntarme al próximo!!! te has parado a calcular cuántas carreras te quedan para poder sacar un libro??? :)

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  2. Muy buena crónica !! Me ha gustado mucho, de verdad.
    Una pena no haber caído que también ibas a correr, ya me hubiera gustado saludarte.

    Un maratón es diferente a cualquier otra carrera. Es duro, se pasa mal pero es toda una historia de superación personal.
    Enhorabuna por el tiempo campeón.

    Un abrazo

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  3. Que gran crónica amigo. Y lo mejor de todo es que pronto empezarás a pensar en un nuevo Maratón, es lo que tiene esta bendita droga.

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  4. Precioso! Q cierto! Enhorabuena y bendita locura!

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