domingo, 26 de enero de 2014

CORRER POR EL MONTE ... y ¿cómo así?


Sólo tiene tres horas...

Esta semana está siendo especialmente dura y el balance de horas de sueño se escribe con números rojos. Fuera sigue lloviendo, de hecho, no ha parado desde ayer. No se lo piensa más y entra a su cuarto, en donde unas sábanas poco revueltas delatan de nuevo las escasas horas que ha dormido... Sólo tiene tres horas, piensa una y otra vez mientras se cambia fugazmente de ropa y hace sus cálculos... sólo tres horas. 

Cuando acaba de vestirse, apaga la luz de la habitación, coge la mochila y sale de casa bajando las escaleras de tres en tres... sólo tiene tres horas y ... y... ¡se va al monte a correr!

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A menudo, en conversaciones con amigos y amigas, se desvela que a alguien le gusta correr por el monte y desde ese momento, tarde o temprano, a lo largo de la conversación va a llegar una pregunta... una pregunta que casi siempre se le hace y casi nunca se sabe responder a la primera... y ¿cómo así?

y ¿cómo así?

Sería fácil decir que por el contacto con la naturaleza, por sus paisajes, por cambiar los humos y bocinas por sonidos de hojas, aire y pájaros, por su dureza, por su toque de aventura, por probar nuevos retos... 


Pero hay algo más, algo a lo que se hace mención en casi todas las entrevistas de corredores y corredoras de trail, algo que todo el mundo que corre también lo nombra en más de una ocasión y algo que también se cita en videos promocionales y de motivación relacionados con el trail... algo que es difícil de explicar... algo que una vez que se despierta ya no se puede volver a dormir... algo que es... la sensación de libertad.

Desde la niñez, todos y todas guardamos muchas sensaciones (que no recuerdos) que por una razón u otra se han quedado grabados en nuestra memoria y que a lo largo de la vida a veces las volvemos a sentir.

Yo me acuerdo perfectamente de la sensación de equilibrio cuando por fín conseguí pedalear la bicicleta sin las famosas "ruedillas"... me acuerdo de la sensación de impotencia aquel día que no pude doblegar la voluntad férrea de quien me castigó sin algo que quería... me acuerdo de la sensación de ahogo aquella vez que caí a la piscina sin saber nadar... y también me acuerdo de la sensación de libertad cuando llegaron los primeros días en los que pude salir sólo a la calle, a jugar, a disfrutar, a correr, a fumar a escondidas, a lo que fuera... aquellos días me sentía libre y también bajaba las escaleras de casa de tres en tres... 

Hoy, más de treinta años después, vuelvo a tener la misma sensación de libertad cuando voy al monte a correr. Allí también hay un mundo que explorar y además como a uno le gusta... corriendo, saltando, bajando cuestas, sentándose a contemplar ese espectacular amanecer, poniéndose a prueba, subiendo cuestas que premian con bonitos paisajes, pisando charcos y barro, gritando a las vacas si se tercia... da igual que sea por caminos, o campo a través, o cruzando bosques, o en zonas cercanas a acantilados, a través de piedras, rocas, a miles de metros de altitud y tampoco importa que llueva, haga frío, luzca un atorrador sol o haya que ponerse una luz en la cabeza para poder correr bajo la luna... Los montes son todo un mundo para explorar, con el mismo ansia que un niño explora su libertad.

Hoy, más de treinta años después, cuando corro por el monte vuelvo a sentirme como un niño, dejando los problemas a ambos lados del camino, disfrutando al máximo de ese momento y con la única preocupación de saber cuanto tiempo libre me queda...



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Dos horas y cuarto después, vuelve a casa calado hasta los huesos. Le duele el brazo de una caída por una pendiente de barro y piedras, y descubre una herida que lo delata y que a buen seguro le acompañará unos cuantos días. De mientras, no para de recalcular una y otra vez el tiempo que le queda libre.

Por los caminos ha dejado ansiedad, nervios y estrés... ha vuelto a sentir la libertad, ha disfrutado de ella al máximo y se siente feliz, como cuando de niño o niña se llegaba a casa en el último minuto permitido, sudando, jadeando, con los pantalones rotos y una herida en la rodilla...


y tú... ¿cómo así? 


No existe la libertad, sino la búsqueda de la libertad, y esa búsqueda es la que nos hace libres    (Carlos Fuentes)


9 comentarios:

  1. Me encantó y por eso lo voy a compartir!

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  2. Me ha encantado, si no te importa me quedo por aqui...

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  3. Hola majete!
    Gracias por la visita. Te linkeo, ¿vale?
    Un saludo!

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  4. Gran entrada, super identificado con ello.....mi deficit de sueño llega al infinito, mi hijo pequeño se despierta casi todos los dias a las seis de la mañana, findes de semana incluidos...

    No sabría decir de dónde salen las fuerzas para un día como hoy a la noche, despues de un duro día laboral y familiar con cenas, baños y cuentos salga a correr de noche y con frontal, para subir unas cuestas que me dejan la lengua fuera, me lleve alguna caida y me llene de barro....y aún asi vuelva contento a casa y piense en el próximo día que me pueda escapar....¿alguna explicación??

    Así racionales pocas....lo cuentas y pocas personas te entienden...

    Un abrazo

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  5. Ser un poco niños. O mejor dicho, quitarnos por fin el disfraz de adultos.

    Grande

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