martes, 7 de enero de 2014

LA LEY DE LA COMPENSACIÓN. Una ley muy chunga...


Sin las deportivas, sin el pulsómetro, sin haberse atiborrado a pasta el día anterior, sin calentamiento previo, sin barritas energéticas, sin piedad... y es que cuando menos te lo esperas cae sobre tu cabeza todo el peso de la ley... de la ley de la compensación... una ley muy chunga.

En la autoescuela nos enseñaron las leyes de circulación, en el colegio aprendimos la ley de la gravedad, en la catequesis la ley del Talión y hasta jugando a fútbol teníamos la ley de la botella, pero ... ¿de donde sale la ley de la compensación?

Llegada la época de las Navidades, mucha gente que corre se toma un merecido descanso. Es época de que las zapatillas se queden un poco más duras, de hacer balance del año que ha terminado y de fijarse nuevos objetivos para el año que acaba de comenzar. Y es en ese periodo de transición cuando un día, tirados en el sofá, después de comer y medio adormilados, escuchas la voz de tu pareja más dulce de lo habitual... "Ahora que no tienes que ir a correr podíamos ir juntos a pasar la tarde al Centro Comercial ¿no?"

Bien, a estas alturas ya deberías de saber lo que es la ley de la compensación

Cuando eras txiki te diagnosticaron alergia a las gramíneas, al polen, a la caspa de gato y a los centros comerciales, pero tal vez por una bajada de azucar, porque la sangre está concentrada en el estómago, por tener las hormonas alteradas o por la escasez repentina de endorfinas, sin saber el porqué, sale de tu boca un tímido ssssi, y digo que sale porque tú no lo dices... ¡mierda, se me ha escapado!. Tranqui, el disgusto no lo es tanto si lo comparas con el momento en el que te das cuentas de que ... ¡oh no! son vísperas de Reyes.

Pistoletazo de salida a las cinco de la tarde de un sábado cualquiera y por la cabeza las primeras impresiones nada más abrirse la puerta del centro comercial, "pero que es estooo..." , "si hay más gente que en la Behobiaaa...". Tras un efímero periodo de adaptación comienzas a dar los primeros pasos de lo que ya te has imaginado que va a ser más duro que un maratón. El equipo está formado por la persona que compensa, la persona compensada y dos pequeñas liebres de 4 y 1 años... Y liebres mejor dicho que nunca, porque al final acabarás corriendo toda la tarde detrás de ellas.

Los primeros minutos, la primera hora, todo pasa rápido. Hay momentos, incluso que hasta parece que se disfruta y los kilómetros se van acumulando en forma de bolsas llenas de compras. Por ahora todo llevadero. Sigue pasando el tiempo. En un momento dado, la persona compensada y la persona que compensa se separan y esta última sigue tras las dos liebres que al pasar por la entrada al super, suben las ppm por encima del umbral para dirigirse descontrolados al pasillo de los juguetes. 

Los minutos siguen pasando, pero llega un momento en el que da la impresión de que cada vez lo hacen más lentamente. Te empiezas a preguntar donde está la persona compensada y miras el móvil por si acaso te ha llamado para decirte que ya ha terminado (bendita inocencia...). De mientras, aprovechas para hacer una pequeña compra, pasillo arriba, pasas por delante de toda la gente que ofrece degustaciones, te fijas en precios de productos que olvidas veinte segundos después, pasillo abajo, los de las degustaciones te empiezan a mirar y algunos te acaban saludando, miradas al reloj constantemente...

De repente todo cambia y en mitad de un pasillo te ves con la cesta de la compra llena y las bolsas termoselladas de compras anteriores, la liebre de 4 años que comienza a esprintar y sale del circuito rebasando la línea de cajas, todo ello ambientado por un olor a.... jodeeeer, a ver donde le cambio ahora el pañal, llamas a la persona compensada, no hay cobertura, ya no ves a la liebre fugada, el corazón parece que se va a salir de lugar... No hay duda, acaba de llegar el temido muro.

Poco a poco consigues restablecer la situación, dejas la compra estratégicamente colocada, la cajera no pone pegas a que pases por ahí tras una breve explicación con cara de pena y compruebas que la liebre ha salido corriendo a ese cochecito con forma de Mickey Mouse que hay junto a la tienda de animales... Cambias el pañal en un baño perfectamente acondicionado para ello y vuelves a entrar al super para recuperar tu compra y pagarla... Parece que ya ha pasado el muro y en ese instante suena el teléfono.

Cinco minutos después todo el equipo se vuelve a juntar, pero aun queda entrar en la última tienda...¿todavía?. Estás agotado o agotada pero da igual porque sabes que ya queda poco. Son los kilómetros finales. Minutos después estarás pasando la línea de meta dibujada en la puerta de salida del centro comercial hacia el frío parking exterior.

Finalmente, 3 horas y 50 minutos después todo ha terminado y levantas los brazos al cielo para bajar el portón de un maletero lleno de bolsas y más bolsas... Ya eres finisher. 

A la noche no quieres ni ver la televisión. Te acuestas en la cama con el cuerpo dolorido, la cabeza a punto de estallar, exahusto o exahusta... ha sido muy duro, piensas, no vuelvo... y entonces... entonces te das cuenta de lo chunga que es la puta ley de la compensación y te da por pensar en todos esos momentos en los que necesitas la complicidad de "esa persona" para poder irte a correr y de la paciencia que tiene que tener muchas veces para que tú puedas hacer lo que más te gusta...

La ley de la compensación es chunga... pero es justa ¡joder!.



P.D.: Esta entrada está dedicada, desde el humor, a todas las personas que nos aguantan, nos sufren y nos padecen. Sin su complicidad sería imposible.

La situación y los personajes descritos son puramente imaginarios. Cualquier parecido con la realidad es fruto de la casualidad... ¿o no?

                                                                                                                                 @otrolocokcorre

8 comentarios:

  1. no a todas las mujeres les gusta pasar el sábado en un centro comercial, gracias¡

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  2. Muy buen post Miguel A. Con tu permiso lo he compartido en el blog kalamuakorrikalariak.

    Un saludo.

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  3. mereces que lo digamos alto y claro: muy buen retrato y absolutamnte demoledor! Zorionak.

    pd. me uno al colectivo de supergaradecidos por padecerme

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  4. Pues tienes razón, una ley chunga pero justa!! muy bueno!!!

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  5. Retrato, autobiografía...que más da...la vida en pareja es una negociación en la que deben ganar los dos...sólo que a veces uno y a veces el otro...;)

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  6. Yo corro y me gusta ir al centro comercial. Mi marido me acompaña a las carreras, hace de coche escoba, de punto de avituallamiento, de guardarropa, de todo lo que necesito, pero no va al centro comercial ni muerto. Esto también es ley de la compensación

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