domingo, 23 de marzo de 2014

IV TALAIA BIDEA



Ni los augurios que presagiaban muy malas condiciones metereológicas...

Ni los casi 31 kilómetros de recorrido, con sus cuestas arriba y sus cuestas abajo...

Ni el pequeño diluvio que acompañó la salida de los más de 500 korrikalaris desde la plaza de Cataluña en Donosti...

Ni la rampa del 30% de desnivel que en el primer kilómetro daba la bienvenida al monte Ulía...

Ni la granizada que nos hizo a más de uno y una tener que correr tapándonos la cara con la mano...

Ni esas esporádicas y fuertes ráfagas de aire... 

Ni los inesperados tatuajes de sangre que en piernas y brazos se iban dibujando con el suelo de Jaizkibel...

Ni la subida a Guadalupe que se hizo más larga que todo el Camino de Santiago...

Ni el último, frenético y peligroso descenso hacia Hondarribi sobre una pista de barro...

Ni el eteeeerno kilómetro final sorteando murallas y callejuelas antes de llegar a meta...



... no cambiaría nada de la cuarta edición de Talaia Bidea...



... porque las malas condiciones metereológicas se compensaron con guantes, chubasqueros, pañuelos... y sobre todo con el calor de público animando, de organización, de voluntarios, de socorristas...

... porque los 31 kilómetros se dibujaron en un entorno privilegiado con, a veces, paisajes espectaculares...

... porque si había que mojarse, mejor desde el principio... para qué esperar...

... porque si esa rampa del 30% hubiese estado al final, se hubiese hecho como una del 60%... y además ahí estuvo Luis Peralta con su cámara de fotos...

... porque esa granizada y los ¡yo qué se cuantos chaparrones! pusieron el tinte épico que no puede faltar en las grandes pruebas

... porque las ráfagas de aire dibujaron un espectacular paisaje en el enfurecido mar que, de fondo, hacía más ameno el descenso hacia Biosnar

... porque los y las que se tatuaban piernas y brazos enseguida recibían la ayuda de más korrikalaris y la pronta asistencia de un organizado servicio de socorristas

... porque los aplausos, los ánimos y los gritos de todos esos locos y locas que habían desafiado un tiempo de perros para estar ahí, exclusivamente ahí, para leer tu nombre en el dorsal y empujarte a gritos hasta la campa de Guadalupe te hacía sentir, en forma de carne de gallina, que habían merecido la pena todos los malditos metros de la interminable subida

... porque patinando sobre el barro se daba pequeñas treguas a los ya castigados cuadriceps

... y porque ese eterno kilómetro final fue el pequeño homenaje del pueblo de Hondarribi, con más de lo mismo y con esas pequeñas palmitas de manos que van apareciendo a ambos lados del recorrido y que hay que chocar, aunque te duela hasta la vida levantar el brazo, porque son el fiel reflejo de ilusión y de futuro

Todo tuvo su porqué en esta bonita, fría y mojada edición de Talaia Bidea... eso sin saber que una vez cruzada la línea de meta habría un muy buen avituallamiento para reponer y compensar lo perdido y sacrificado por el camino. 
 
Y no puede faltar un pequeño homenaje en este relato a todos y todas las que, por mala suerte, tuvieron que acabar la carrera antes de tiempo y un reconocimiento a los y las que lo hicieron "antes de tiempo"... vaya nivel en los primeros puestos.


  



 


Espectaculares fotografías de Luis Peralta, Frodo 1007, el Pelukas y el CD Fortuna.


2 comentarios:

  1. ¡Qué bien has retratado muchas de las sensaciones que tuve en la carrera! Me ha encantado tu relato, me ha parecido precioso.

    Lide

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  2. Alucinante, después de ver las fotos y leer la crónica dan ganas de que se ponga a llover para salir a correr.
    Felicidades por esa gran y épica hazaña.

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