lunes, 4 de agosto de 2014

AQUEL DÍA.


En esta vida hay cosas que, sin saber por qué, se quedan con uno para siempre.



Aquel día, mi cabeza pudo con mi voluntad y no resistí a un despiadado bombardeo de pensamientos negativos: "pero si no te gusta correr ... nunca se te ha dado bien... imposible dar la vuelta larga... mejor acorta por aquí... si encima eres fumador... te vas a joder las rodillas... mejor si haces pesas... pero si estás sufriendo para  nada... estás hecho polvo, tio... venga, para ya... mañana te va a doler todo...".

Llegó un momento en el que no pude más y finalmente paré. Paré, y con las manos apoyadas en las rodillas y semiagachado traté de coger todo el aire posible y que en ese instante sentía que me faltaba.

Aquel día apenas pude correr diez minutos y caminando de vuelta a casa, no dejaba de reprenderme por haber intentado algo que nunca me había gustado ni se me había dado bien. "No sé ni para qué lo he intentado" pensaba, mientras veía cómo la ilusión que tenía de poder llegar a correr algún día la Behobia se esfumaba de golpe.

Aquel, fue el primer día que por mi cuenta y sin ninguna obligación, salí a correr... y en aquel instante, completamente derrotado, me hubiese jugado la vida a que iba a ser el último.

....

Hoy he ido a correr. Como muchos otros días, he pasado por aquel lugar en el que hace algo más de 17 años me tuve que parar. Me he dejado llevar por el recuerdo y me he visto allí, con las manos en las rodillas y respirando agitadamente... Si aquel día me hubiesen vaticinado lo que el futuro tenía preparado para mí, no me lo hubiese creído.

No me gusta valorar lo que la gente hace en función del número de kilómetros o de la dificultad de sus pruebas, aunque evidentemente también lo admiro. Me gusta valorar el esfuerzo, la progresión, el sacrificio y la ilusión que pone cada persona para poder conseguir sus retos, sean los que sean. 

Las pruebas en las que he participado, y que desde hace algún tiempo las comparto en este blog, e incluso los días que corro por correr, son un pequeño tesoro para mí, y tal vez les de tanto valor gracias a aquel día. ¡Qué curioso! ... Aquel día  que tanto maldije y que tanta frustración me generó, me ha servido para poder disfrutar y valorar, hoy en día, cada vez que salgo a correr y cada prueba en la que participo.

Todos y todas pensamos cuando corremos. Hoy cuando me he visto ahí, hace quince años, me ha venido a la cabeza esta reflexión, y como no quería que se perdiera con el paso de las horas me he sentado a escribirla nada más llegar a casa.

Tal vez ahora haya alguien que esté a punto de jugársela diciendo que ya nunca más va a volver a correr, que hoy haya sido para él o ella un día tan frustrante como lo fue para mí y, lo más importante, que leer esto... le pueda animar a que haya un segundo dia.

4 comentarios:

  1. Este año en la maratón de Pamplona pasé por el lugar donde tuve yo mi...aquel día.

    Fue como exorcizar el lugar. Afortunadamente hubo un segundo día.

    Bonita entrada

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  2. Jajajaja!!!! Todos recordamos algún día como ese, en el que nos preguntamos qué coño estábamos haciendo ahí. Volvimos y aquí estamos, adictos a las endorfinas. Y que nos dure.

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  3. Qué buena entrada. Por necesidades del guión me acabo de leer yo lo que me pasó el primer día que me metí al mar a nadar (que casi me muero). Y unos meses más tarde estaba en la Getaria-Zarautz. :D
    Menos mal que somos mucho más grandes de lo que nos parece.

    Ale, a seguir corriendo!!

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  4. Mi primer día.....yo conocí esto de correr de casualidad, siempre había al gim a hacer pesas. Un día conocí a una chica (hoy mi mujer) y ella solía ir a correr. Un día que estaba aburrido en casa cogí su pulsómetro (me encantan las máquinas y los chismes electrónicos) y me fui a probarlo.....y aquí estoy ahora.

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