viernes, 19 de septiembre de 2014

MADRID - SEGOVIA 2014. Lo que no fue.




Ni el recuerdo de días de ilusión, ni de sacrificio, ni de los de casi ni poder caminar por haber corrido más de lo debido...
Ni los calcetines de repuesto, ni los geles, ni las sales minerales, ni la vaselina...
Ni el frontal, ni el plano del recorrido, ni el reglamento de la carrera...

Es la víspera. Por fin estoy en la puerta del eterno día que meses y meses atrás marqué en el calendario, e incrédulo aun, miro la mochila y compruebo, una y otra vez, que está vacía.

Esa mochila es la que debía de acompañarme corriendo los más de 100 km que separan Madrid de Segovia. Uno de mis objetivos deportivos más ambiciosos hasta la fecha y por tanto preparado con mucho cuidado, con mucho mimo... Así lo atestiguaban los desbordados números, medias y gráficos de entrenos y más entrenos, así como las buenas sensaciones recogidas en el Ultra de Sobrarbe.

Si este tipo de pruebas fuese una simple regla de tres, quiero pensar que el destino hubiese tenido un final feliz para tanto tiempo invertido... pero desgraciadamente no es tan sencillo, y en esta ocasión me ha tocado aprender a frustrarme, a ver impotente cómo un fuerte catarro, que más tarde se covertiría en bronquitis, me impedía disfrutar de tan ansiada experiencia. Dos días antes de la prueba, un cuerpo molido y la fiebre, me pisaban con fuerza y sin piedad, la única mano que me mantenía agarrado a un sueño al que no me resignaba a dejarlo marchar. Pero no pudo ser.

¿Y ahora? ¿Todo el sacrificio de los últimos meses? Así, una y otra vez, y otra, y otra...

El paso de los días me ha permitido contestar a esa pregunta. Para ello he tirado de recuerdos, de los recuerdos de un verano lleno de kilómetros y kilómetros.

Recuerdo los amaneceres en Córdoba, corriendo por desérticos escenarios tan espectaculares como el barrio de la Judería, la Mezquita, el puente romano a orillas del Guadalquivir...


Recuerdo Extremadura, viendo cómo la imponente y espectacular superluna se escondía en el horizonte de un mar de encinas... paraje privilegiado en el que también tuve la suerte de poder correr.



Recuerdo el improvisado maratón que hice por el Camino de Santiago a su paso por tierras navarras, y a las que me tuve que desplazar en busca de sol y calor.


Recuerdo el amanecer en el mediterráneo... corriendo con el olor a un nuevo día bajo el sonido de tímidas olas en playas aun desiertas.


Y recuerdo las noches y madrugadas por mi ciudad, y también las tardes por Ulia y Jaizkibel, montes que ya siento como míos y en los que siempre se empezaron a forjar todos mis sueños.



La respuesta a las preguntas es bien sencilla.

Me he quedado sin participar en una prueba que me hacía enorme ilusión... una pena.
Pero el camino, eso que al principio llamaba sacrificio y que pensaba que no había servido para nada, ha sido probablemente lo mejor de todo, algo que he disfrutado y gozado en todo momento.

Tal vez las decepciones vengan por plantearse correr para alcanzar objetivos, cuando realmente el objetivo debiese de ser simplemente correr y disfrutar, o tal vez no, tal vez haya que aprender a renunciar para volver a intentarlo y disfrutar el doble el día que se consiga... tal vez.

6 comentarios:

  1. Tienes toda la razón. Solo nos centramos en el día de la carrera y no nos acordamos de lo que hemos recorrido y disfrutado en los entrenos. El año que viene ya nos contaras las dos cosas.
    Xavi Crespo (Los Martes)

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  2. Me ha encantado, #CorrerXQueSí , es lo que yo practico..

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  3. Ya sabes como solemos funcionar, nos ponemos un objetivo ambicioso y a por el a saco.....No somos máquinas y el fracaso es parte del camino. Aunque no pudiste participar todas esas salidas que hiciste y disfrutaste cuentan. Es duro que te pase a dos vista de la carrera tan esperada.....si se hubiese retrasado unos días o te hubiera pillado una semana antes hubieras podido participar pero a a veces la vida es así de caprichosa, unas veces para mal y en otras te sorprenderá para bien. En la siguiente te toca tener un poquito de suerte. Un abrazo

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  4. Es fácil decir que hay que disfrutar del camino y no de la meta. Entiendo tu fustración y más ante una carrera tan especial. Al menos fue una cosa leve y enseguida estarás al 100%, eso sí, el disgusto no te lo quita nadie.
    Animo
    Pronto tendrás otro objetivo en mente, seguro.
    Un abrazo

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  5. Una pena que el camino recorrido no tuviese el final esperado.Es cierto que cuando tenemos un objetivo tan ambicioso como el tuyo, lo difícil es llegar a ese objetivo, y es cierto que tú ya habías llegado y a falta de unos días no merecías sin duda ese premio( o esa falta de premio mejor dicho).Pero seguro que todo el camino realizado vale para algo.A lo mejor ahora mismo no te das cuenta de ello, pero seguro que encuentras algo positivo al trabajo realizado.
    Ánimo y un saludo

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  6. Como dicen los compañeros, nos centramos en la meta y nos olvidamos del camino, cuando realmente lo bonito es como hemos llegado a esa meta.
    Madrid Segovia hay todos los años, pero no hay dos entrenamientos iguales y lo sabes, cada uno aporta una sensacion, sobre todo si vas en compañia.

    Un saludo

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