viernes, 30 de enero de 2015

HASTA QUE UN TEMPORAL NOS SEPARE...



Fotografía del CD Fortuna

El cambio de un monte, a las cuatro paredes de una fría sala del polideportivo...

El cambio de una estudiada ruta sube y baja, a una simple bicicleta que no se mueve...

El cambio del tan deseado aire puro de la naturaleza, a la puñetera corriente de la puerta cada vez que entra o sale alguien de la sala...

El cambio del sentimiento de soledad, al incordio de los codazos del de la bicicleta de al lado...

El cambio de unos paisajes espectaculares, a verse, entre varias personas, agonizando delante de un espejo...

El cambio de las pisadas titubeantes, de los pequeños y arriesgados saltos en zig zag, aunmonótonomovimientojoderqueaburrimiento...

El cambio del relajante sonido de la naturaleza, a las acaloradas conversaciones de todos los cotilleos del barrio...

El cambio de poder gritar a los cuatro vientos "mierda, putamierda y mierdaputamierda" en cada cuesta o resbalón, a tener que susurrar para tus adentros "vete a la mierda" a la persona que, tras un regate al más puro estilo Ronaldo, te acaba de quitar delante de tus narices la cinta de correr...

El cambio de poder escupir en cualquier lugar, a tener que secarte la frente cada 45 segundos al descubrir, apurado, el incómodo charquito de sudor que estás haciendo debajo tuyo...

El cambio de la sensación de libertad, a aguantar al máximo la contención de la vegija porque "el que se fue a Sevilla perdió su silla"...

El cambio de mirar el reloj para saber cuanto llevas, a mirar el reloj para saber cuanto te queda... 

Por todo esto y por mucho más... TE ODIO, MALDITA CICLOGÉNESIS INOPORTUNA!!!




Dedicado, desde el humor, a todos y todas los que como yo, hoy y los próximos días, van a cambiar su entrenamiento por el monte a una fría sala del polideportivo...

2 comentarios:

  1. ¡¡¡No sabes cómo te entiendo!!! A mí me pasa lo mismo. Odio ir al gimnasio. La sensación de estar encerrada no me gusta nada. No soy capaz siquiera de correr más de 2 km en la cinta y al finalizar ese sufrimiento, de la mala leche que se me va poniendo según avanzan lentamente los metros, al finalizar le doy un manotazo al botón de stop. Con la bicicleta me pasa tres cuartos de lo mismo. Eso de estar pedaleando sin llegar a ningún sitio me pone enferma y como mucho, aguanto unos 20 minutos pedaleando mientras miro desesperada como el reloj avanza más lentamente que lo habitual. El resto de máquinas lo hago sin pensar, pero vamos que no me motiva nada estar en un sitio cerrado. Ni siquiera la música más cañera que he llevado alguna vez me ha hecho cambiar de opinión sobre lo anodino que es estar en un gimnasio. En cambio, el salir a correr ya sea asfalto o monte, me genera unos beneficios tan grandes a nivel mental, que mientras practico el running no voy con una ruta fija, sino que según va pasando los kilómetros, paisajes y tiempo, voy decidiendo según me encuentre físicamente si alargar el entreno un poco más intentando buscar y descubrir algún sendero o camino nuevo. Con la bicicleta, la sensación de libertad de verte lejos de casa, en mi caso, hace que cualquier preocupación o agobio se quede por el camino ya que me centro únicamente en el pedaleo y en los paisajes que voy descubriendo, parándome cuando me apetece para sacar incluso alguna foto. Así que estamos en la misma situación. Un saludo.

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