domingo, 8 de noviembre de 2015

CUANDO DESENTONA LA BEHOBIA...




No sabría decir en que momento, ni demostrarlo matemáticamente, y ¡mucho menos hacer una prueba!, pero estoy seguro de que en algún instante en el que transcurre la carrera, si alguien lanzase un mensaje desde Behobia, éste podría llegar hasta la meta del Boulevard donostiarra pasando por los corredores de boca en boca a lo largo de sus veinte kilómetros de recorrido.

Y creo que es entonces cuando toda la orquesta de la Behobia llega al momento culminante de la carrera.

Me imagino que es en ese instante cuando retumban a la vez aplausos y gritos de todo el público.
Me imagino que a ello se le unen los gritos de los speakers, el sonido de la megafonía colocada en diferentes puntos, el sonido de la música rockera del pirata heavy, el sonido del concierto en el kiosko de la alameda de Errenteria, el sonido de las trikitixas, el sonido de la batucada, el sonido de las bocinas de los coches que circulan por las carreteras contiguas, el sonido de las pisadas y los jadeos de miles de corredores...

La fiesta de la Behobia suena con fuerza y en armonía. 

Pero este año, sin embargo, se ha unido un sonido a la fiesta que ha desentonado con todos los demás, y que ojalá nunca se hubiese escuchado... es la sirena de la ambulancia que traslada a un corredor. Minutos más tarde, el joven navarro Jose Javier Suescun, fallecerá en el hospital Donostia por una parada cardio-respiratoria.

A partir de entonces, ya todo pasa a un segundo plano.
La emoción por buscar fotografías, por comparar clasificaciones, por contestar decenas de mensajes, por celebrarlo con los amigos... todo se entremezcla con cierta sensación de tristeza.

A pesar de no conocerle, es imposible evitar que esa tristeza contagie al resto de emociones del día... por él, por pensar en su familia, por imaginarte que también podías haber sido tú, o un familiar, o un amigo... y porque al fin y al cabo, todos hemos compartido la misma ilusión horas antes en Behobia.

No sabría decir en que momento, ni demostrarlo matemáticamente, y ¡mucho menos hacer una prueba!, pero estoy seguro de que si no hubiese especulaciones, juicios inoportunos y comentarios a destiempo, toda esa tristeza podría llegar hasta su familia en un único mensaje de apoyo y solidaridad. Ya llegará el tiempo para las reflexiones.

Y aquí termina mi crónica de la Behobia de este año.


                                                                                                           @otrolocokcorre

3 comentarios:

  1. Ojalá no tenas que volver a repetir nunca más, una crónica así…
    Estoy segura que el aliento y el ánimo de todos y cada uno de los corredores, de los voluntarios, de los que quisimos correr y no pudimos, llegará a esa familia en forma de abrazo.

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  2. Una auténtica pena leer una crónica tan agridulce.Nuestro apoyo a los familiares.

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