domingo, 29 de noviembre de 2015

LA MADRUGADA DE UN MARATÓN





No puedo dormir...

Sólo quedan unas horas para volver a reencontrarnos y estoy intranquilo.
No es para menos. Sé cómo te las gastas.

Sé que eres uno de los rivales más difíciles con quien se enfrenta un corredor.

Sé que no te compadeces ante el agotamiento, ante el dolor o ante la desesperación de quien se atreve a desafiarte y falla.

Sé que no perdonas ni tan sólo uno de tus 42195 metros.

Sé que vas desgastando poco a poco a cada corredor, y buscas sus debilidades dejándolo vulnerable en la batalla final de los últimos kilómetros.

Sé que tienes el poder suficiente como para cambiar el convencimiento de un "voy muy preparado" de la línea de salida, al lamento de un "no sé que ha podido pasar" en la fría ducha de un vestuario.

... pero también sé que la recompensa es grande.

Sé que eres generoso con quien rebasa el último de tus metros, y antes de que le cuelguen una medalla, tú ya le has colgado una sonrisa de satisfacción y felicidad, fiel reflejo del big bang de emociones que en ese mismo instante salen descontroladas desde muy adentro de cada uno.

Sé que una vez que se atraviesa el arco de llegada se da sentido a todas las preguntas que quedaron sin respuesta en días de dudas, de sacrificio, de miedos, de contratiempos, de pasos atrás y de desilusiones.

Sé que todo, absolutamente todo, habrá merecido la pena.


... y también sé que no lo eres todo.

Sé que tú solamente eres el final de una historia que empezó a escribirse meses atrás, y que aunque me prives de ese big bang de emociones, nunca podrás arrebatarme las que ya he disfrutado durante el camino.

El placer de adentrarme corriendo en la oscuridad de la noche, dejando atrás la ciudad, y verme descubierto por las fugaces luces de coches que circulaban por las carreteras cercanas.

La sensación de absurda victoria al llegar al portal de casa y notar en la espalda las primeras gotas de lluvia de una tormenta, que desde varios minutos antes fuertes relámpagos anunciaban su llegada, y a la que sentí que había ganado.

La desgracia de tener que volver a casa en taxi porque una lesión me dejó tirado a kilómetros de ella, la esperanza de ir viendo como día a día iba mejorando el maldito gemelo y la plena felicidad al volver a dar los primeros trotes sin dolor.

La sensación de aventura al bajarme de un tren, en a tomar por saco de casa, sin móvil, sin dinero en los bolsillos y llevando tan sólo un pantalón de deporte, unas zapatillas y un crono que comenzaba a marcar los primeros segundos de la kilometrada que quedaba por delante

Sé que éstos, y otros muchos buenos recuerdos, nunca podrás arrebatármelos.


....

Ya amanece.

Voy a empezar el ritual de todos los días importantes.
Hoy así lo merece.
El dorsal estará perfectamente alineado, los lazos de las zapatillas milimétricamente iguales, el chip con doble brida... todo escrupulosamente revisado, y cada paso que vaya dando, estaré más cerca de tí.

Querido Maratón, esto se termina.

Dentro de muy poco empezaré a dar los primeros pasos que irán escribiendo el final de esta historia, y no sé cómo acabará... pero de lo que sí estoy seguro, es de que sea cual sea ese final, la historia ya ha merecido la pena.

                                                                                                        @otrolocokcorre

4 comentarios:

  1. La realidad de todos los que nos hemos enfrentado alguna vez al Maratón.
    Me he visto reflejado en tus palabras, Gracias...

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  2. La realidad de todos los que nos hemos enfrentado alguna vez al Maratón.
    Me he visto reflejado en tus palabras, Gracias...

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  3. Enorme!! Me las dejo clavadas en la mente. La semana que viene tendré una de "esas madrugadas".
    Que vaya todo muy bién hoy. Suerte!!

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  4. En Febrero 2016, en Sevilla, viviré una de esas madrugadas de nuevo. Gran artículo un saludo

    #TULIMITESTAENQUENOHAYLIMITE

    http://runningmiestilodevida.blogspot.com.es/

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