domingo, 22 de octubre de 2017

LA DONIBANE. Ocho porqués.


Donibane Lohizune - Hondarribi lasterketa



¿Por qué?

Por el ameno viaje desde Hondarribi a San Juan de Luz en un autobús repleto de corredores, escuchando con atención las anécdotas del de atrás en ediciones pasadas, las carreras que tenía programadas para el futuro la chica de al lado, y mirando de vez en cuando por la ventanilla para comprobar como el cielo parecía estar cada vez menos negro. Parecía.
Mezcla de risas, nervios y un fuerte olor a mentol y alcanfor.

Por esos minutos previos de calentamiento corriendo por las calles de San Juan de Luz, del ir y venir de corredores y más corredores, de encuentros con conocidos, de bromas, de saludos, de estiramientos mirando hacia la bahía. Preciosas vistas que serán testigo, minutos más tarde, del inicio de una carrera cuya línea de salida está situada junto a un hotel cinco estrellas... ¡Pues que sepan los del hotel, que con una carrera así a sus puertas, podrían optar por la sexta!

Por el tres, dos, uno... y ¡ya!, a correr, a sacudirse la tensión acumulada en los doscientos saltitos de los tres minutos previos y a buscar el ritmo entre miles de camisetas de colores, todo ello con el eco de aplausos y más aplausos camino hacia Ziburu y bajo los primeros y tímidos rayos de sol... Por cierto, parece que al sol le sedujo más la bonita playa de Sokoa que empezar a subir cuestas, porque en las primeras rampas desapareció.

Por cada centímetro de la Corniche, ni uno más, ni uno menos. Por esas miradas hacia la derecha para ser testigos de la espectacular estampa de olas, rocas y acantilados, que tan solo pedían a cambio un esfuerzo extra para recorrer sus cuestas arriba y sus cuestas abajo. Un espectáculo al que se sumó de nuevo un cielo negro, que descargó sus primeras gotas de lluvia para dar un ambiente, en ocasiones de soledad, que hacía del momento todavía más espectacular (Si. Ya sé que en este párrafo he usado tres veces la palabra espectacular... pero es lo que hay).

Por la llegada a Hendaia y a su kilométrica playa... ¡no se vayan todavía, aun hay más espectáculo! Mirada hacia el mar para ver las dos rocas a las que llaman "las gemelas", y darme cuenta en ese instante, de que para gemelos como rocas, los míos. Paradojas de la carrera.
Al final de la playa un giro hacia la izquierda para salir a la bahía del Txingudi, pero... ¿qué puñetera maravilla es ésta?

Por la llegada a Irun, bajo una intensa lluvia, y por ese pedazo público que, al más puro estilo de etapa de montaña en el tour de Francia, hizo un pequeño pasillo en el final de la avenida de Iparralde, asegurándose de que sus gritos y aplausos eran lo suficientemente intensos como para empujar a los corredores en el desnivel de los últimos metros de subida.
Un puesto de avituallamiento "fantasma", en los que no se da ni agua, ni isotónicos, ni geles, pero de los que se sale apretando los dientes y con la moral por las nubes.

Por el paso del kilómetro 18 y por... por... ¡por todos los Santos!
¿Será posible? ¿Txistorra y sidra en un avituallamiento?

Y por todos los juramentos que quedaron sobre el empinadísimo adoquinado de la calle Mayor de Hondarribi, entre el retumbar y retumbar de aplausos y gritos de un entregado público, y por ese pasillo de honor en los metros finales, de los que consiguen que la felicidad que te llevas para la ducha, se eleve a la enésima potencia. Eskerrik asko.


Fotografía Diario Vasco

Por todos estos porqués, e incluso tan sólo por alguno de ellos...


"CONTINUARÁ"




Sólo una cosa más. Reconocer, como siempre, la gran labor de los voluntarios. Me llevo de recuerdo la imagen de uno de ellos, animando a gritos el paso de los corredores bajo una intensa lluvia... ¡Qué mérito tenéis!


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